sábado, 4 de abril de 2015

Viernes... sin santos.

Hola a tod@s!
De seguir la tradición hoy tocaría criticar la semana santa, el parón español por estas fechas y un etcétera alargado. Pero justamente hoy no me atrae eso de seguir una tradición. Entonces os cuento que me fui a Andorra, probablemente huyendo de mis circunstancias y a sabiendas de que las muy cabronas te persiguen allá donde vayas sin importarle los husos horarios ni la altitud. Allí no sabía lo que me iba a encontrar, nieve quizá. Con dos amigos y un coche atravesamos España y en seis horas llegamos a los Pirineos. No había mucha nieve, pero si una tortilla con Sol que resultó brillar más de lo prometido. Está de más decir que lo mío no fue esquiar, los días intrépidos desafiando mi vértigo innato son historias para fardar. Leí, reflexioné, aprendí. Nada sabía de ese principado, co-dirigido y restrictivo para mantener su linaje. Aparentemente es más fácil que te premien con un Nobel que ser andorrano (gentilicio que me suena raro, por cierto). Han de pasar más de dos décadas de residencia legal para lograr el pasaporte de este pequeño país y aún así las cosas no te las ponen fácil. Lo de votar es complicado y montar una empresa con tu capital, sin andorran@ por medio, ni hablar… eso sí, el dinero es bienvenido y en un restaurante puedes escuchar alguien preguntar: “… ¿pensáis venir a menudo o lo de la compra del piso fue para blanquear?” En Andorra el tiempo se paraliza, la tierra parece que gira con más lentitud, y si a todo esto le añades mi tontería habitual de hundirme frente al percance nimio, por suerte no me ocurre cuando el percance adquiere proporciones de problema, mis días por allí fueron una montaña rusa de parque de atracciones barato. Pero no todo es negro en la blanca vida, en Andorra descubrí a Sol que merece su nombre, una catalana medio ibicenca y, como yo, Madrileña de corazón. Con ella compartimos más de una reflexión certera y muchas risas inteligentes. También estuvieron, mientras el esquí lo permitió, e-Robert y el gran-Dani, ambos con sus estilos tan propios ofreciendo hombros y provocando carcajadas. Y así terminaron los días-Andorra, dejando para el final lo de perder el tren para la vuelta por razones distintas según quien lo cuente. Gran-Dani manifiesta que fue debido a un atasco, e-Robert dijo que Gran-Dani fue optimista al calcular el tiempo mientras que yo me empeñé en alargar la mañana entre burbujas, la realidad fue que e-Robert tardó lo suyo comprando todas las botellas de alcohol que cabían en su maleta. Pero qué más da… Luego en Madrid la semana santa continuaba y una casa rural en un pueblo, demasiado rural, me esperaba en Castilla.


Allí me fui, con Alex recorrimos “los montes verdes” para percatarnos de que el urbanita necesita la contaminación para la vida. De allí huimos cuando el atardecer se volvía noche cerrada sin nada que hacer sino dormir. Es bueno saber que existen personas con las que compartes historia, cultura y están al alcance de la mano… Ya estoy en Madrid, preparado para afrontar el reto de llenar cada día una página en blanco.
Os quiero, 
Ed.

4 comentarios:

APO dijo...

Montes verdes , historias y cultura contigo es mas que ameno !!! Gracias Ed por cruzarte en mi camino. ILD

David dijo...

Después de leerte me han dado ganas de visitar Andorra.

;)

Anónimo dijo...

Despues de ver tus fotos quiero conocerte

Misael Herrera Vera dijo...

Siempre es bueno conocer otros mundos. Da igual lo alto que subas, lo blanco de la nieve o lo extraño de un país, si los problemas te los llevas contigo.
Firmado...gofion