viernes, 16 de octubre de 2020

Viernes... de esa espera.

Hola a tod@s! 
Ya es viernes… debería decir ya se acaba el viernes, al menos en esta parte del mundo. Por Europa la noche cae y el ritmo baja. Empieza un fin de semana, otro más en el que los planes no van más allá de un paseo corto y en la ciudad donde se vive. La COVID19 nos mantiene en un estado vigía y contención eterna. Algo que en España se ha convertido en la espera de una solución que caerá desde un cielo prometido donde se habla otro idioma, no importa cual, pero nunca el español. 
Ya pasaron aquellos meses de terror en el que los hospitales de Madrid recibían ambulancias con pacientes graves cada pocos minutos. Lejos parece la incertidumbre sanitaria de tener que elegir a quien atender, a quien conectar a un respirador, a quien tomar la mano para que no muera en la más fría soledad. Pero, el virus sigue allí fuera y no tenemos vacunas, ni cura. 
El sitio donde vivo, una ciudad preciosa, ha sido sacudida por la pandemia. Aquí hemos visto el virus de cerca, nos ha rozado, lo hemos tocado, se ha respirado en mil ambientes. En mi laboratorio se guardan cientos de muestras valiosas de otros tantos pacientes, algunos, diría demasiados, ya no están. Mi email está empachado de mensajes provenientes de científicos que me piden las preciosas muestras tomadas de los pacientes que sufrieron e incluso siguen sufriendo la caprichosa enfermedad del año. Ellos, mis colegas del mundo, tienen los bolsillos llenos de recursos para estudiar esas muestras, exprimirlas, vaciar sus misterios y encontrar soluciones que se convertirán, en un futuro próximo, en medicamentos, metodologías… las respuestas necesarias que España espera que caigan desde ese cielo en el que nunca se habla español. 
Os quiero, Ed.

viernes, 9 de octubre de 2020

Viernes de vuelta y Nobels.

Hola a tod@s! 
Desde finales del siglo pasado solía escribir todos los viernes un texto a mis amigos dispersos por el mundo. Al principio era un email que paría el último día oficialmente laborable de la semana, con el objetivo de contar algo sobre el sitio donde vivía, mis descubrimientos de cualquier tipo y, dependiendo del tono, transmitir el estado de ánimo por el que atravesaba. Luego, la tecnología y un amigo me hicieron mudar el email a un blog. Más tarde, ese blog aparecía en las redes sociales y el texto, que seguía generando para mis amigos dispersos por el mundo, comenzó a ser leído por futuros amigos y otros seguidores. 


Hace mucho tiempo que no escribo mis Viernes, lo urgente va quitando peso a lo importante. Pero hoy he decidido retomarlo. Además, lo hago con el clásico que cada año escribía a raíz de la semana Nobel.

Haciendo como si la semana pasada hubiese escrito… comienzo: La semana empezó con un lunes habitual de espera. La reunión online con mi grupo, los ajustes de experimentos, el análisis de datos y la discusión habitual se alternaban con visitas y re-visitas a la página oficial del Comité Nobel. Era el día indicado para anunciar el premio de Medicina y Fisiología. Desde España (país con sólo 8 Nobel y de ellos 2 en ciencias), se esperaba que algún día, no lejano, el altar sueco le hiciera un hueco a la técnica CRISPR y con ella a un nuevo español, su descubridor, Francis Mojica. Esta vez tampoco fue así. El llamado corta y pega genético que nació de una observación española no se mencionó. Los agraciados fueron tres de los descubridores del virus causante de la hepatitis C. Los nombres de Harvey J. Alter, Michael Houghton y Charles M. Rice ya se han grabado en la historia borrando, injustamente, la contribución de muchos otros. Con algo de resignación algunos dijimos: el miércoles hay otra oportunidad. El hecho de que CRISPR es una técnica la hace también candidata a optar al Nobel de Química. Había que esperar. El martes llegaba el anuncio del premio de Física y con él una sorpresa. Otra vez la Academia Sueca se decide por un tema relacionado con Astrofísica, curioso. Los investigadores Roger Penrose, Reinhard Genzel y Andrea Ghez fueron los merecedores de la medalla. El primero por descubrir que la formación de los agujeros negros es una predicción robusta de la teoría general de la relatividad. Mientras que Genzel y Ghez lo ganan por el descubrimiento de un objeto compacto supermasivo en el centro de nuestra galaxia. De lo más comentado este día fue la presencia de Andrea Ghez entre los premiados. Ella se convierte en la cuarta mujer en recibir un Nobel de Física, algo que no debería ser noticia, pero la exagerada masculinidad de estas medallas lo ha provocado. Entonces llega el miércoles y he de reconocer que estuve algo despistado. El proyecto que llevo sobre la Covid-19 y otro trabajo a punto de enviar a publicar sobre mi teoría de la fusión en metástasis me entretuvieron hasta que, de pronto, en una de esas visitas compulsivas que hacemos a alguna red social vi una foto que me pareció un error visual: la caricatura de Emmanuelle Charpientier y Jennifer Doudna como únicas ganadoras del Nobel de Química por la tecnología CRISPR. Tuve que mirar fijamente durante segundos para dar crédito a la información visual. Sin dudas ambas científicas son merecedoras del reconocimiento, pero sin Mojica CRISPR no hubiese existido. Además, sólo dos premiadas cuando lo habitual es una terna. A raíz de ello, llovieron las reacciones más diversas. La CRIPación fue mayúscula de hecho, así titulé una editorial que publiqué en un periódico “CRISPación por un Nobel olvidado”. El enfado fue brutal y poco a poco se tuvo que convertir en resignación. Muchas son las conjeturas, lo cierto es que la oportunidad más segura de Nobel para el patio… se ha perdido y aquí a las “autoridades” ni se le ha movido el pelo. El jueves amaneció y las quinielas para el Nobel de Literatura se encendieron en la red. ¿Murakami? No, esta vez se ha ido a Estados Unidos y a las manos de una señora de la poesía. La misma que una noche de invierno cerrado en aquel Providence solitario me hizo sentir acompañado, hablo de Louise Glück. Varias veces, demasiadas quizá, el Nobel de Literatura ha ido a parar a un escritor ignoto para mí. Pero esta vez no ha sido así. Sus poemas, siempre en inglés, se me pegaron cual lapa cuando pernoctaba por Brown University hace mucho tiempo ya. Para finalizar, llegó el viernes… ese día deseado por tantos y señalado para anunciar el mil veces controvertido Nobel de La Paz. Tengo que decir que cuento entre mis amigos una persona que ostenta este reconocimiento, tengo que decir también, que nuestra amistad comenzó por una discusión, educada, pero discusión al fin debido a una conferencia que debíamos impartir entre los dos… me reservo su nombre. Este año el Programa Mundial de Alimentos se alzó con el galardón y yo aplaudo la decisión. Habría sido gracioso escuchar los gritos si la ganadora hubiese sido Greta. Tan sólo queda el premio de Economía que se anunciará el lunes… veremos. 
… sí, sigo en Madrid. Una ciudad atacada por ese virus que ha fastidiado el 2020, sitio donde la congruencia pasea con displicencia, lugar bello en tiempos malos. 

Os quiero, Ed.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Viernes primero de un año extraño...

Hola a tod@s!
Desde el lejano 2019 no escribo una frase en este blog. A los humanos nos han pegado una bofetada con una mano minúscula, microscópica, invisible para nuestra miopía. Hablar de la COVID19 se ha vuelto el único tema posible y no sabemos cuando tendremos otro problema en el foco de atención. Yo debí haber presentado mi segundo libro hace un mes, debí haber bailado en la boda de un amigo, debimos haber celebrado varios cuarenta cumpleaños…, mas sólo hemos podido paladear una cuarentena.
Nuestra insignificancia se ha hecho palmaria. Optamos por el meteorito hace algún tiempo y hoy relamemos el premio.
Os quiero,
Ed.

viernes, 27 de diciembre de 2019

Viernes... último del año y de la década.

Hola a tod@s! 
Un amigo reciente, de esos que tiene pinta de quedarse, me hizo ver que hoy no sólo es el último viernes del año, también lo es de la década. 
Prácticamente salgo ahora de trabajar, con un abductor adolorido y maquinando cómo debo planificar la semana venidera. Mas lo especial del día merece unos minutos para un Viernes, de los míos, esos que escribo y difundo desde 1996. ¿Qué contar, resumir, alegar? 
Ha sido un año interesante, cumplí medio siglo y debo admitir que aún no me marean las vueltas al Sol. Publiqué mi primer libro que, a pesar del tema, el título, mi desconocimiento inmenso del cosmos editorial y los aireados ofendidos, se ha vendido con medido éxito y, lo importante, algunas puertas se han abierto para el conocimiento. En el laboratorio aprendimos un poco sobre cómo ocurre la metástasis, el “paper” original sigue en proceso de revisión editorial y ojalá 2020 sea el año en que aparezcan publicados esos datos que llevan rumbeando desde 2005… se dice pronto. Así es la ciencia, escuchad gestores que quieren el resultado ayer con la inversión de mañana… la que no ha llegado y, probablemente, nunca llegará. También supimos que la inmunoterapia se puede extrapolar a la sepsis. En otras palabras, lo que vale para el cáncer sirve para tratar las infecciones que matan y matan, aunque no salgan en los telediarios. No nos quedamos aquí, al fin ha respirado el aire de internet un trabajito, por ahora menor, que algún día dará alegrías en los trasplantes… buscadlo, merece la pena. Mientras tanto, el planeta (otrora azul) se va tiñendo con otros tonos, una joven sueca vocifera algunas verdades, vienen los mayores para taparle la boca, ofenderse, destapar sus patrocinadores reales y ficticios, mandarla a la escuela, decir que sólo los científicos deben hablar… Total, jamás nos han escuchado. En fin, por ese camino hasta el mar. Yo intento reducir mi huella y admito que la he aumentado con los viajes transoceánicos… mea culpa, no soy perfecto. Quizá por eso no he querido ser político, por aquello de no ser perfecto. De un tiempo para acá esa raza de Homo sapiens, hablo de los políticos, necesitan la inexistente pero exigida perfección. Antes de seguir, solicito que conste en acta que esto no es una oda poética a la especie referida, es simplemente una descripción de la situación actual. Estas personas, imperfectas como todas, han de mostrarse sin asperezas en sus aristas, desprovistas de impurezas en el pasado, el presente y el futuro lejano, deben profesar amor eterno y curiosidad desaforada por su entorno, los países europeos, la lejana Asia y los exoplanetas. A ellos no se les perdona un error gramatical, una salida de tono ni siquiera en Navidad con un pariente insoportable, no pueden meter la pata, ni mucho menos pensar diferente de cómo lo hacían en su pubertad… No, no, definitivamente no podría, porque simplemente no soy perfecto, soy un bocazas y mando lejos a quien lo merece, tengo un pasado y hasta tres, he cambiado de opinión al madurar alguna idea y percatarme del error, me interesan miles de cosas, pero otras no… y, sobre todo, escapé de la Isla Metafórica para decir lo que pensaba en todo momento. Tengo buenísimos amigos en la política, gente íntegra y de gran valía, pero yo estoy hecho de otra pasta. Además, ahora que el juego va de pactos, no me veo estrechando manos, por un lado, a quienes dicen que Cuba es una democracia o Venezuela es un ejemplo a seguir y por otro a los que niegan el cambio climático, me quieren en un armario o levantan muros. Por cierto el nacionalismo, con independencia del color, es el paso previo al cacareado fascismo. El primero te dice que la nación es única, el segundo aprieta un poco la tuerca y asegura que la nación es suprema… por ahí van los tiros. Pero ya acaba el año y mi mesa se llena de cosas pendientes: dos “papers” a punto de enviarse, una tesis doctoral para corregir, un libro que aún no tiene punto final y ANAYA quiere publicarme en marzo, un examen de idioma que he pospuesto… 
¿Qué hago escribiendo un Viernes? Definitivamente alguien desde Miami tiene la culpa, me hizo ver que hoy no sólo es el último viernes del año, también lo es de la década. 
Os quiero, 
Ed.
(foto de Luis Saguar)

viernes, 13 de diciembre de 2019

Viernes... para ti y para mi mago

Hola a tod@s! 
Hoy alguien cumple cuatro décadas, alguien especial que aterrizó en mi vida hace cuatro años. Un mago capaz de convertir la ilusión en canto, la tristeza en optimismo y el despropósito en banco… pero ese alguien es tímido, poco dado a las luces, arisco a los focos. Por ello simplemente le digo: felicidades mago y, una vez más, gracias por tu encanto. 
Entonces he de cambiar de cuerda y acercarme a ese resumen que todos hacemos cuando el año va cerrando. Doce meses de metamorfosis con libro primero en la calle, dos proyectos tocando su fin y choques miles con la idiotez profunda que habita en cada uno de los seres humanos… no me salvo. Un sin parar con viajes largos, amigos nuevos, fotos viejas y más relatos… así describo mi año. Pero el planeta, ese viejo aliado que se desgasta sin escuchar los cuentos y burlas de quienes niegan lo palpable, llamase Vox, Trump, Bolsanaro y acompañantes, está agonizando. Él no es de izquierdas, no conoce el centro, ni entiende de derechas centradas, alejadas o rancias. Es el momento en que digo, gracias Greta, por esos símbolos, ese empuje, ese temple al soportar la imbecilidad humana de la que tampoco me salvo. Ahora muchos me escribirán improperios o lo pensarán que da lo mismo… a veces soy el gran científico, sólo a veces, cuando no digo lo que se quiere escuchar, soy el imbécil ciego que no se percata de la barbarie sueca y sus patrocinadores millonarios… esos financiadores ocultos del discurso que, oh sacrilegio, miles de entendidos investigadores llevamos diciendo hace años, pero simplemente nadie nos hace caso. Esa chica que no niña ha movido fibras, ha puesto dedos en llagas… ¿por qué la defenestras? No respondas… no tienes motivos más allá de que no concuerda con el libro político que te has creado. Es aquí el preciso instante en que soy púrpura y he de morir asado en la hoguera para comunistas impíos que desean la vuelta de Stalin y todos sus santos. Pero paso la página, hablo de locuras separatistas y nacionalismos absurdos, me posiciono contra las disgregaciones, los muros, las divisiones y pierdo el color rojo, me destiño, me pintan de azul, de musgo… me echan a los perros, el resto calla. Acto seguido empatizo con el feminismo, entiendo la bronca de quienes han sostenido el eterno segundo plano, vuelven otros perros, ladran fuerte, me señalan y acusan de fidelista empedernido, clasifico como trapo sucio, útil para fregar mugrientos baños. ¿Entonces quién soy? ¿Cuál es mi color? Tengo neuronas, las uso y un discurso lo evalúo sin importarme el bando. 
Mago, pongo un punto y a ti voy para gozar del día con todo encanto.

viernes, 25 de octubre de 2019

Viernes...

Hola a tod@s! 
Me he saltado un par de Viernes, falté a mi cita con los Nobels en un año con historias varias, no he comentado una Giselle fantástica en el Teatro Real que algunos han preferido abuchear y para colofón sacaron a Franco de su mausoleo. Entonces me centro lo último. 
Se acabó, pero a nadie parece haberle gustado la forma, el envoltorio, el exceso de celo, la falta de respeto, los derechos humanos, la familia y un cometa que pasaba por Neptuno. He leído y escuchado, poco, pero diverso. Resultó que ayer, justo el día del gran traslado, lo tuve de traca. Terminé en las cercanías de las diez de la noche, hora en la que decidí pasar a buscar a mi esposo por su oficina y obligarlo apagar el ordenador. No pude ver los gritos de exaltación nacionalistas, sí esos también lo son. Ni escuchar en directo los “Marlaska maricón” tan apropiados para la ocasión. No pude cenar frente a un telediario con los comentarios de sesudos políticos instagramers (de todo el espectro) criticando, poniendo el grito en el cielo, buscando rédito y sumando algún voto… tan sólo dije: “Enhorabuena a este bello país” entonces empezó una baraúnda de angustiados por mi desconocimiento sobre el legado franquista, sus aportes al bienestar social, los pantanos, la concordia y la Física del estado sólido. De pronto se me tildó de comunista furibundo adoctrinado por el Caribe revuelto y trastornado por los tratados de Marx. En comanda se organizó un curso on line para culturizarme y evitar mi caída en un foso de desconocimiento de Historia Universal, tratados europeos, lírica falangista y alta economía. Desde pueblos perdidos del sur se enviaron listados de bondades y agradecimientos a la existencia de Franco. Con origen en otras latitudes me exigían que desvelara mi afiliación a partidos del martillo y la tarjeta de abastecimiento. Vaya despropósito, yo sólo quise decir: Enhorabuena a este bello país. Enhorabuena por darse cuenta, unas décadas después, que no se debe honrar a un asesino, venga de donde venga y aunque haya tenido mil dos bondades con unos cuantos. Dicen que Hitler fue un excelente padre. Fidel tuvo grandes ideas y unos algunos buenos propósitos… la lista la podemos agrandar todo lo que queramos. No voy a renunciar a las neuronas y pensar, eso nunca. Un dictador venga de la izquierda o venga de la derecha, es eso, un dictador. Un día una distinguida política de Unidas Podemos me dijo que ella tenía un retrato de Fidel en su salón a lo que alegué: eso es cómo si yo tuviera uno de Franco en el mío… “no es lo mismo”, respondió ofendida. Ayer una amiga de derechas ensalzaba la figura y obra de Franco, yo le comenté que aquello me sonaba al discurso de agradecimiento que los fidelistas me echaban de vez en cuando… “no es lo mismo”, respondió entre risas de superioridad. Estas son las cosas por la que a veces, sólo a veces, pienso que moriremos de democracia… luego se me pasa. Es el efecto secundario de tener neuronas y hacerlas funcionar. Hoy seguro seguirán unos diciendo que el PSOE lo hizo por aquello de las elecciones, otros vendrán que si el respeto a la iglesia, los de más allá sacarán el paro a pasear por las calles electrónicas de Facebook y Twitter. Alguno dirá que se gastaron millones y la Notaria del Reino pestañeó inadecuadamente… volverán a gritar: “Marlaska maricón” y aquí me paro: ¿Cuándo vais a entender que ser maricón, es decir, gay-homosexual-lgtbi, no es un insulto?
Volveremos el viernes que viene, con cosas más juiciosa y algo más de tiempo. Pongo el letrero en mi despacho que aparece a continuación y sigo trabajando en eso de explicar la metástasis… por ejemplo. 
Os quiero, 
Ed.

viernes, 4 de octubre de 2019

Viernes... sobre Blyton, Plácido, Allen y un servidor.

Hola a tod@s! 
Cuando era niño, luego de haberme leído una biografía para pequeños de Marie Curie, cayó en mis manos la serie de los Siete Secretos escrita por Enid Blyton. Para mí, y probablemente para varios miles de niños, aquellos libros eran una ventana a un mundo de libertad que distaba de nuestras vidas lo mismo que algunas estrellas. Recuerdo que para leerlos preparaba todo un ceremonial: agua, merienda, luz adecuada y, algo importante, lejanía de mi hermana y el resto de seres vivos que tenía alrededor. Más de una vez, mis padres tenían que requerirme severamente para que dejara de leer e interactuara con la sociedad… yo estaba ensimismado en aquellas historias que venían de lejos, pero compartía en deseos. Y ahora resulta que Blyton al escribir era racista, sexista y homófoba. La verdad que a finales de la década de los 70, momento en que leía desaforadamente todos los libros de esta autora, no estaban tan desarrollados los términos que hoy manejamos. Bueno, ni en los 80, ni en los 90, ni en los primeros años del siglo 21. Por lo que acusarla de racista, sexista y homófoba, juzgándola con los baremos 2019, no es muy acertado. Esto nos pasa a menudo. 
Hace poco hemos leído que Plácido Domingo está destinado a terminar una carrera brillante con la sombra de varias denuncias por acoso sexual, otro tanto le está ocurriendo a Woody Allen. No seré yo quien confirme o niegue lo ocurrido, no está en mis manos. Sabemos que el abuso de poder ha sido y es un pan que se come cada día. Pero quizá debemos recordar lo que se entendía por cortesía hace tan sólo unos años y hoy nos parece una barbaridad. Cierta vez una investigadora se ofendió porque la ayudé a coger algo que estaba fuera de su alcance debido a su escasa estatura. Me quedé perplejo ante su “crees que no puedo hacerlo yo sola”. Tiempo después la misma persona se cabreó porque, al ir yo adelantado, abrí una puerta y le cedí el paso… esa vez contesté a su bordería con un “le abro la puerta a quien vaya por detrás de mí, sea un hombre, una mujer o un elefante” y luego agregué “y espero que lo mismo hagan conmigo”. La cortesía no la entiendo como un rasgo de superioridad, simplemente es eso: cortesía. La doy y la espero. Por ejemplo, soy, por aquello de haber nacido en el Caribe, dado a celebrar la belleza de los demás y en ello la única intención es arrancar una sonrisa a quien tengo a mi lado. Hoy sé que me ha salvado mi condición de homosexual. De lo contrario, más de una denuncia por acoso debido a un piropo me habría caído. Hace tan sólo un mes me acerqué por la espalda a dos de mis doctorandos, una chica y un chico, para ver lo que estaban haciendo. Puse cada una de mis manos en sus respectivos hombros y acto seguido, como si un calambre fuera, quité mi mano del hombro del chico… de pronto imaginé cien comentarios en twitter sobre un pobre doctorando que se vio acosado por su poderoso director científico y, acto seguido, otros cientos de ficticios afectados por mi constante seducción. Si ya he tenido que subir fotos de mi equipo para que vean el equilibrio entre sexos, cosa que no he buscado, pero sí ha surgido, y más de una vez han llegado a mis oídos comentarios sobre el porcentaje elevado de homosexuales en el IdiPAZ debido a un favoritismo inexistente… pues imaginaos si doy pie a otras equivocaciones. Con todo esto sólo quiero llamar la atención sobre los extremos y las vilezas humanas. Debemos juzgar las realidades en sus contextos y recordar que, si la envidia fuera tiña, viviríamos en un planeta de tiñosas. No sé dónde Plácido Domingo ponía la línea que separa su galantería del poderío que le ha otorgado su excelencia. No sé cuántas personas habrán coqueteado con el tenor para lograr un favor, no olvidemos que hay vicios en las dos direcciones. No puedo asegurar que Mia Farrow miente o si Allen es el embustero. Por ahora, sólo recuerdo la voz del primero que he tenido la oportunidad de disfrutar en varias latitudes y las películas geniales del segundo. Cuando se tenga la certeza de sus supuestas vilezas, me entristecerá la condición humana que hace de un genio un ser despreciable. 
De cualquier manera y volviendo a mi querida Blyton… ¿racista? era difícil introducir en la trama a un negro, estamos hablando de una Inglaterra rural del siglo pasado, ¿sexista? en todos los libros no recuerdo diferencias entre niños y niñas de hecho me sorprendía lo intrépidas que eran las segundas, ¿homófoba? me hubiese percatado, pero hilando fino en unas de la series aparecía una niña que se llamaba Jorgina que respondía a un fenotipo de lesbiana sin tapujos ni críticas. Un ejercicio recomendable cuando acusamos una actitud del pasado es imaginarnos a nosotros mismos en esas circunstancias… seguramente habríamos sido: racistas, sexistas, homófobos y una larga lista de barbaridades. Éramos otros y otras eran las circunstancias. Por suerte evolucionamos y hoy discutimos sobre la igualdad en términos muy alejados de los vocablos usados hace pocos años. Debemos seguir haciéndolo, pero no evaluemos la historia con el prisma del 2019, nos saldría todo distorsionado. Ya tenemos suficiente con quienes prefieren valores a pulmones o predicen parroquias ardiendo. 
Os quiero, 
Ed.