martes, 31 de diciembre de 2013

sábado, 21 de diciembre de 2013

sin poder decir adiós...

Ayer pensé escribir un Viernes entonado, reivindicativo, incendiario. Pensé en un texto pleno de proclamas y metáforas para describir lo que acontece en mi España querida. Sin embargo, pensé demasiado rápido, apresuré el paso en demasía… al caer la tarde choqué de bruces con una pared demasiado alta, demasiado fría. Mami dejaba el mundo que conocemos y yo sentía un vacío difícil de describir. Ya nadie me escribirá cartas-diarios donde se podía leer: “… bueno mi amor me voy a dormir, hasta mañana. Ya es mañana, ahora me voy a comprar el pan hace un calor del carajo”. Tampoco recibiré flores amarillas entre esas hojas también amarillentas que reciclaba de viejas libretas y me llenaba de cariño. Una vez me mandó una flor morada y con ella una nota que rezaba: “me patee todo Jovellanos y no encontré una puñetera flor amarilla”. Durante mi infancia ella fue mi protectora, mi compañera de juegos, mi todo. Cuando soñaba con descubrir una pócima para la vida eterna siempre hablaba de dos dosis una para ella y otra para mí. De ella aprendí que es bueno pedir perdón cuando nos arrepentimos. Fue ella quien me enseñó a leer, a contar, a sumar y restar. Lo de multiplicar y dividir lo aprendimos juntos cuando decidió empezar la escuela de mayores para poder enseñarme algunas cosas más. De su mano íbamos cada semana a la librería para que yo escogiera los libros que quisiera mientras ella se quitaba de todo por complacerme. Más tarde, cuando ya era estudiante en la Universidad, me decía que seguía  pasando por la librería pero no sabía qué libro comprarme. Cocinaba fatal, olvidaba poner sal a la comida y se les quemaba los frijoles, pero todos los días me esperaba para almorzar y  se deleitaba con mis anécdotas sobre lo que había aprendido. Le gustaba dormir la siesta, le encantaba bailar, lloraba cuando escuchaba “Con tu blanca palidez” pero sobre todas las cosas me amaba como a nadie. En los momentos malos de hambruna buscaba debajo de las piedras para mandarme un pan con bistec a la universidad, carne que no comía para dármela. Mucho después se sobrepuso al miedo por lo desconocido, se montó en un avión y viajó, más que por el espacio viajó en el tiempo para verme en Madrid. Aquí le tocó un invierno de esos que sólo llueve y se llevó la idea de que Madrid era Londres. Solían decir quienes la veían que muchas veces contaba hasta seis con los dedos en una especie de plegaria. Era su forma de calcular la diferencia horaria entre Cuba y España y así imaginarse si estaba en el laboratorio o en la cama. A veces me mandaba fotos disfrazada de persona que vive en el frio y la imagino riéndose mientras lo hacía. Un día, luego de siete años de padecer Alzheimer, mi padre se fue. No lloró, lo había hecho hacía mucho cuando dejó de reconocerla. Entonces mi madre tuvo una segunda vida, floreció y hasta montó un negocio donde vendía zumo de frutas naturales, a mitad de precio para los estudiantes. Pero esto duró poco, empezó apagarse, se reía pero su risa ya no era la misma, acarició a su bisnieta pero no tenía fuerzas para tenerla en brazos y hoy ya no está… no me lo acabo de creer.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Viernes poco inteligente...

Hola a tod@s!
¡Que difícil es nadar y mantenerse seco! El mundo amaneció sin Mandela y, probablemente, sin la única persona que lograra cruzar las aguas sin caer en la tentación de empaparse en ellas.
La raza humana es cruel por naturaleza y no se perdona ni a sí misma. Muy pocos, “if any”, han sido capaces de escapar a su epsilo-vecindad para encontrar la solución a un problema real y mantenerse fiel a la serenidad. Por estos días, en que el número de personas cercanas que me decepcionan aumenta desaforadamente, la muerte de Madiba me entristece. Hoy es viernes y también seis de diciembre, en España se celebra el día de la constitución, es festivo pero mi laboratorio trabaja, nadie se lo paga, de hecho si alguien desde el gobierno dijera que por ley hay que pagarles más, el descuadre de las cuentas-perfectas enfurecería hasta a los amig@s. También es el cumpleaños de mi madre, no sé cuanto cumple, nunca lo ha dicho y ahora lo ha olvidado.
Os quiero,
Ed.