Hola a tod@s!
Cuando no encuentro las palabras exactas para decir lo que quiero, cuando las ideas no ganan cuerpo en una frase precisa, cuando esto ocurre… prefiero el silencio. Mi Ángel desde Valencia, Ale desde La Habana y el eterno profesor matancero han reclamado mis Viernes. Pero los Viernes no encontraban la arcilla propicia para expresar la consternación ante la estupidez mayúscula de un Trump en el trono planetario, un análisis que se me atragantaba entre tanta paja y posts. Pero esto tendrá que esperar… hoy, un sábado lluvioso en Madrid, me levanté sigiloso pero sin propósito. Ismael duerme, ayer, hasta las tantas, celebrábamos la vida con Lissette, la misma mujer adorable que abandonó Cuba hace veinte años para re inventarse en una NY convulsa, buscando una oportunidad que la Isla, llena de Metáforas, le negó. Durante la cena el teléfono sonó, era Ariel, mi hermano de la Universidad, dos décadas sin vernos y el domingo pasa por Madrid… un congreso lo sacó de Canadá y nos reunirá ¿por casualidad? mañana. Ha pasado mucho tiempo, una vida fuera de Cuba… más tiempo en otros lugares, una profesión construida a cojones, hijos criados en otras culturas, vivencias que se superponen a los recuerdos, en blanco y negro, de aquellos lares caribeños. Pero las heridas cerradas, taponadas, mal cocidas y olvidadas se asoman. No lo hacen como antaño, cuando sangraban sin contención, ayer eran aparentes rasguños mal curados que mejor no revolver. Entre risas, las historias neoyorkinas se entremezclan con aquellas habaneras. Ismael no conocía las peripecias vividas por Lissette y servidor cuando, debido a la grandilocuencia de un líder absoluto, nuestras prometedoras carreras se vieron truncadas en pleno despegar. Pero la risa ganó, ¿quién se acuerda hoy de aquel 1992 cuando la inocencia nos llevó a actuar con libertad y decir lo que pensábamos? Éramos científicos en ciernes, los datos ante todo, pero los datos tenían que estar en plena concordancia con un ideario… y nosotros, no lo sabíamos. Entonces empezó un calvario, de la noche a la mañana dejamos de ser fiables… y el plan secreto floreció. Como Lissette y yo, casi toda una generación abandonó la Isla Metafórica…

Os quiero,
Ed.