sábado, 7 de julio de 2018

Viernes... diverso

Hola a tod@s! 
En Madrid las temperaturas no han subido, hay quien dice que no habrá verano, al menos no el que una vez conocimos y de aquí concluyen que eso del calentamiento global es un invento rojo para buscar votos azules… hoy estoy agotado, no tengo ganas de sacaros del error, os dejo con ese baile de colores que anima otras vidas. Mas lo cierto es que no hay calor en Madrid, olvidadas están aquellas escenas de bomberos, en forma, aliviando la temperatura de un orgullo antes gay y hoy diverso. Pero la capital rebosa de almas en busca de ese algo que pocas veces se materializa, las noches son días repletos de seres anónimos que intentan transcender en el siguiente segundo y, por lo general, fallan en el intento. Es esta una semana masiva, donde la excusa orgullosa llena de fiesta una ciudad que siempre ha estado abierta a la diversión diversa. Es entonces que, como cada año, me pregunto por el menester del desfase, algo que nada tiene que ver con la imperiosa y absoluta necesidad del orgullo diverso. Puede que todo esté relacionado con la propia condición humana, aquello de que el circo nos anega es una verdad palmaria. 
No seré yo quien diga que mover el cuerpo siguiendo un ritmo musical es algo detestable, nunca criticaré la necesidad de la risa salvaje y la ligereza puntual; pero hacer de lo eventual la norma me resulta incomprensible. Me cuesta asumir el apremio por la presencia de alcohol y otras sustancias para soltar lastre y fluir. Pero ese soy yo, alguien que puede bailar 5 horas seguidas sin una gota etílica en sangre, el mismo que no necesita café para despejar la mañana y trabajar… os aseguro que estoy hecho de los mismos materiales que los demás, ergo ni el alcohol, ni el café, ni las demás sustancias con nombres en claves son necesarias para funcionar. Son estas palabras impopulares, lo sé. Pero de la Isla Metafórica salí para decir y hacer lo que quiero. Y con la misma os digo que hoy me subiré a una carroza para celebrar mi diversidad, esa minoría, esa infrecuencia que muchos han querido que oculte por aquello de ser visiblemente invisible a los credos de los demás. Hoy celebro esa libertad de ser quien quiero ser, hablar de ello con tranquilidad y fluir sin artificios… luego, seguro que cenaré con amigos, hablaremos de mil cosas y me retiraré a horas prudentes sorteando charcos de fluidos humanos que podrían evitarse si la humanidad fuera distinta. 
Os quiero, 
Ed.

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