miércoles, 20 de mayo de 2020

Viernes primero de un año extraño...

Hola a tod@s!
Desde el lejano 2019 no escribo una frase en este blog. A los humanos nos han pegado una bofetada con una mano minúscula, microscópica, invisible para nuestra miopía. Hablar de la COVID19 se ha vuelto el único tema posible y no sabemos cuando tendremos otro problema en el foco de atención. Yo debí haber presentado mi segundo libro hace un mes, debí haber bailado en la boda de un amigo, debimos haber celebrado varios cuarenta cumpleaños…, mas sólo hemos podido paladear una cuarentena.
Nuestra insignificancia se ha hecho palmaria. Optamos por el meteorito hace algún tiempo y hoy relamemos el premio.
Os quiero,
Ed.

viernes, 27 de diciembre de 2019

Viernes... último del año y de la década.

Hola a tod@s! 
Un amigo reciente, de esos que tiene pinta de quedarse, me hizo ver que hoy no sólo es el último viernes del año, también lo es de la década. 
Prácticamente salgo ahora de trabajar, con un abductor adolorido y maquinando cómo debo planificar la semana venidera. Mas lo especial del día merece unos minutos para un Viernes, de los míos, esos que escribo y difundo desde 1996. ¿Qué contar, resumir, alegar? 
Ha sido un año interesante, cumplí medio siglo y debo admitir que aún no me marean las vueltas al Sol. Publiqué mi primer libro que, a pesar del tema, el título, mi desconocimiento inmenso del cosmos editorial y los aireados ofendidos, se ha vendido con medido éxito y, lo importante, algunas puertas se han abierto para el conocimiento. En el laboratorio aprendimos un poco sobre cómo ocurre la metástasis, el “paper” original sigue en proceso de revisión editorial y ojalá 2020 sea el año en que aparezcan publicados esos datos que llevan rumbeando desde 2005… se dice pronto. Así es la ciencia, escuchad gestores que quieren el resultado ayer con la inversión de mañana… la que no ha llegado y, probablemente, nunca llegará. También supimos que la inmunoterapia se puede extrapolar a la sepsis. En otras palabras, lo que vale para el cáncer sirve para tratar las infecciones que matan y matan, aunque no salgan en los telediarios. No nos quedamos aquí, al fin ha respirado el aire de internet un trabajito, por ahora menor, que algún día dará alegrías en los trasplantes… buscadlo, merece la pena. Mientras tanto, el planeta (otrora azul) se va tiñendo con otros tonos, una joven sueca vocifera algunas verdades, vienen los mayores para taparle la boca, ofenderse, destapar sus patrocinadores reales y ficticios, mandarla a la escuela, decir que sólo los científicos deben hablar… Total, jamás nos han escuchado. En fin, por ese camino hasta el mar. Yo intento reducir mi huella y admito que la he aumentado con los viajes transoceánicos… mea culpa, no soy perfecto. Quizá por eso no he querido ser político, por aquello de no ser perfecto. De un tiempo para acá esa raza de Homo sapiens, hablo de los políticos, necesitan la inexistente pero exigida perfección. Antes de seguir, solicito que conste en acta que esto no es una oda poética a la especie referida, es simplemente una descripción de la situación actual. Estas personas, imperfectas como todas, han de mostrarse sin asperezas en sus aristas, desprovistas de impurezas en el pasado, el presente y el futuro lejano, deben profesar amor eterno y curiosidad desaforada por su entorno, los países europeos, la lejana Asia y los exoplanetas. A ellos no se les perdona un error gramatical, una salida de tono ni siquiera en Navidad con un pariente insoportable, no pueden meter la pata, ni mucho menos pensar diferente de cómo lo hacían en su pubertad… No, no, definitivamente no podría, porque simplemente no soy perfecto, soy un bocazas y mando lejos a quien lo merece, tengo un pasado y hasta tres, he cambiado de opinión al madurar alguna idea y percatarme del error, me interesan miles de cosas, pero otras no… y, sobre todo, escapé de la Isla Metafórica para decir lo que pensaba en todo momento. Tengo buenísimos amigos en la política, gente íntegra y de gran valía, pero yo estoy hecho de otra pasta. Además, ahora que el juego va de pactos, no me veo estrechando manos, por un lado, a quienes dicen que Cuba es una democracia o Venezuela es un ejemplo a seguir y por otro a los que niegan el cambio climático, me quieren en un armario o levantan muros. Por cierto el nacionalismo, con independencia del color, es el paso previo al cacareado fascismo. El primero te dice que la nación es única, el segundo aprieta un poco la tuerca y asegura que la nación es suprema… por ahí van los tiros. Pero ya acaba el año y mi mesa se llena de cosas pendientes: dos “papers” a punto de enviarse, una tesis doctoral para corregir, un libro que aún no tiene punto final y ANAYA quiere publicarme en marzo, un examen de idioma que he pospuesto… 
¿Qué hago escribiendo un Viernes? Definitivamente alguien desde Miami tiene la culpa, me hizo ver que hoy no sólo es el último viernes del año, también lo es de la década. 
Os quiero, 
Ed.
(foto de Luis Saguar)

viernes, 13 de diciembre de 2019

Viernes... para ti y para mi mago

Hola a tod@s! 
Hoy alguien cumple cuatro décadas, alguien especial que aterrizó en mi vida hace cuatro años. Un mago capaz de convertir la ilusión en canto, la tristeza en optimismo y el despropósito en banco… pero ese alguien es tímido, poco dado a las luces, arisco a los focos. Por ello simplemente le digo: felicidades mago y, una vez más, gracias por tu encanto. 
Entonces he de cambiar de cuerda y acercarme a ese resumen que todos hacemos cuando el año va cerrando. Doce meses de metamorfosis con libro primero en la calle, dos proyectos tocando su fin y choques miles con la idiotez profunda que habita en cada uno de los seres humanos… no me salvo. Un sin parar con viajes largos, amigos nuevos, fotos viejas y más relatos… así describo mi año. Pero el planeta, ese viejo aliado que se desgasta sin escuchar los cuentos y burlas de quienes niegan lo palpable, llamase Vox, Trump, Bolsanaro y acompañantes, está agonizando. Él no es de izquierdas, no conoce el centro, ni entiende de derechas centradas, alejadas o rancias. Es el momento en que digo, gracias Greta, por esos símbolos, ese empuje, ese temple al soportar la imbecilidad humana de la que tampoco me salvo. Ahora muchos me escribirán improperios o lo pensarán que da lo mismo… a veces soy el gran científico, sólo a veces, cuando no digo lo que se quiere escuchar, soy el imbécil ciego que no se percata de la barbarie sueca y sus patrocinadores millonarios… esos financiadores ocultos del discurso que, oh sacrilegio, miles de entendidos investigadores llevamos diciendo hace años, pero simplemente nadie nos hace caso. Esa chica que no niña ha movido fibras, ha puesto dedos en llagas… ¿por qué la defenestras? No respondas… no tienes motivos más allá de que no concuerda con el libro político que te has creado. Es aquí el preciso instante en que soy púrpura y he de morir asado en la hoguera para comunistas impíos que desean la vuelta de Stalin y todos sus santos. Pero paso la página, hablo de locuras separatistas y nacionalismos absurdos, me posiciono contra las disgregaciones, los muros, las divisiones y pierdo el color rojo, me destiño, me pintan de azul, de musgo… me echan a los perros, el resto calla. Acto seguido empatizo con el feminismo, entiendo la bronca de quienes han sostenido el eterno segundo plano, vuelven otros perros, ladran fuerte, me señalan y acusan de fidelista empedernido, clasifico como trapo sucio, útil para fregar mugrientos baños. ¿Entonces quién soy? ¿Cuál es mi color? Tengo neuronas, las uso y un discurso lo evalúo sin importarme el bando. 
Mago, pongo un punto y a ti voy para gozar del día con todo encanto.

viernes, 25 de octubre de 2019

Viernes...

Hola a tod@s! 
Me he saltado un par de Viernes, falté a mi cita con los Nobels en un año con historias varias, no he comentado una Giselle fantástica en el Teatro Real que algunos han preferido abuchear y para colofón sacaron a Franco de su mausoleo. Entonces me centro lo último. 
Se acabó, pero a nadie parece haberle gustado la forma, el envoltorio, el exceso de celo, la falta de respeto, los derechos humanos, la familia y un cometa que pasaba por Neptuno. He leído y escuchado, poco, pero diverso. Resultó que ayer, justo el día del gran traslado, lo tuve de traca. Terminé en las cercanías de las diez de la noche, hora en la que decidí pasar a buscar a mi esposo por su oficina y obligarlo apagar el ordenador. No pude ver los gritos de exaltación nacionalistas, sí esos también lo son. Ni escuchar en directo los “Marlaska maricón” tan apropiados para la ocasión. No pude cenar frente a un telediario con los comentarios de sesudos políticos instagramers (de todo el espectro) criticando, poniendo el grito en el cielo, buscando rédito y sumando algún voto… tan sólo dije: “Enhorabuena a este bello país” entonces empezó una baraúnda de angustiados por mi desconocimiento sobre el legado franquista, sus aportes al bienestar social, los pantanos, la concordia y la Física del estado sólido. De pronto se me tildó de comunista furibundo adoctrinado por el Caribe revuelto y trastornado por los tratados de Marx. En comanda se organizó un curso on line para culturizarme y evitar mi caída en un foso de desconocimiento de Historia Universal, tratados europeos, lírica falangista y alta economía. Desde pueblos perdidos del sur se enviaron listados de bondades y agradecimientos a la existencia de Franco. Con origen en otras latitudes me exigían que desvelara mi afiliación a partidos del martillo y la tarjeta de abastecimiento. Vaya despropósito, yo sólo quise decir: Enhorabuena a este bello país. Enhorabuena por darse cuenta, unas décadas después, que no se debe honrar a un asesino, venga de donde venga y aunque haya tenido mil dos bondades con unos cuantos. Dicen que Hitler fue un excelente padre. Fidel tuvo grandes ideas y unos algunos buenos propósitos… la lista la podemos agrandar todo lo que queramos. No voy a renunciar a las neuronas y pensar, eso nunca. Un dictador venga de la izquierda o venga de la derecha, es eso, un dictador. Un día una distinguida política de Unidas Podemos me dijo que ella tenía un retrato de Fidel en su salón a lo que alegué: eso es cómo si yo tuviera uno de Franco en el mío… “no es lo mismo”, respondió ofendida. Ayer una amiga de derechas ensalzaba la figura y obra de Franco, yo le comenté que aquello me sonaba al discurso de agradecimiento que los fidelistas me echaban de vez en cuando… “no es lo mismo”, respondió entre risas de superioridad. Estas son las cosas por la que a veces, sólo a veces, pienso que moriremos de democracia… luego se me pasa. Es el efecto secundario de tener neuronas y hacerlas funcionar. Hoy seguro seguirán unos diciendo que el PSOE lo hizo por aquello de las elecciones, otros vendrán que si el respeto a la iglesia, los de más allá sacarán el paro a pasear por las calles electrónicas de Facebook y Twitter. Alguno dirá que se gastaron millones y la Notaria del Reino pestañeó inadecuadamente… volverán a gritar: “Marlaska maricón” y aquí me paro: ¿Cuándo vais a entender que ser maricón, es decir, gay-homosexual-lgtbi, no es un insulto?
Volveremos el viernes que viene, con cosas más juiciosa y algo más de tiempo. Pongo el letrero en mi despacho que aparece a continuación y sigo trabajando en eso de explicar la metástasis… por ejemplo. 
Os quiero, 
Ed.

viernes, 4 de octubre de 2019

Viernes... sobre Blyton, Plácido, Allen y un servidor.

Hola a tod@s! 
Cuando era niño, luego de haberme leído una biografía para pequeños de Marie Curie, cayó en mis manos la serie de los Siete Secretos escrita por Enid Blyton. Para mí, y probablemente para varios miles de niños, aquellos libros eran una ventana a un mundo de libertad que distaba de nuestras vidas lo mismo que algunas estrellas. Recuerdo que para leerlos preparaba todo un ceremonial: agua, merienda, luz adecuada y, algo importante, lejanía de mi hermana y el resto de seres vivos que tenía alrededor. Más de una vez, mis padres tenían que requerirme severamente para que dejara de leer e interactuara con la sociedad… yo estaba ensimismado en aquellas historias que venían de lejos, pero compartía en deseos. Y ahora resulta que Blyton al escribir era racista, sexista y homófoba. La verdad que a finales de la década de los 70, momento en que leía desaforadamente todos los libros de esta autora, no estaban tan desarrollados los términos que hoy manejamos. Bueno, ni en los 80, ni en los 90, ni en los primeros años del siglo 21. Por lo que acusarla de racista, sexista y homófoba, juzgándola con los baremos 2019, no es muy acertado. Esto nos pasa a menudo. 
Hace poco hemos leído que Plácido Domingo está destinado a terminar una carrera brillante con la sombra de varias denuncias por acoso sexual, otro tanto le está ocurriendo a Woody Allen. No seré yo quien confirme o niegue lo ocurrido, no está en mis manos. Sabemos que el abuso de poder ha sido y es un pan que se come cada día. Pero quizá debemos recordar lo que se entendía por cortesía hace tan sólo unos años y hoy nos parece una barbaridad. Cierta vez una investigadora se ofendió porque la ayudé a coger algo que estaba fuera de su alcance debido a su escasa estatura. Me quedé perplejo ante su “crees que no puedo hacerlo yo sola”. Tiempo después la misma persona se cabreó porque, al ir yo adelantado, abrí una puerta y le cedí el paso… esa vez contesté a su bordería con un “le abro la puerta a quien vaya por detrás de mí, sea un hombre, una mujer o un elefante” y luego agregué “y espero que lo mismo hagan conmigo”. La cortesía no la entiendo como un rasgo de superioridad, simplemente es eso: cortesía. La doy y la espero. Por ejemplo, soy, por aquello de haber nacido en el Caribe, dado a celebrar la belleza de los demás y en ello la única intención es arrancar una sonrisa a quien tengo a mi lado. Hoy sé que me ha salvado mi condición de homosexual. De lo contrario, más de una denuncia por acoso debido a un piropo me habría caído. Hace tan sólo un mes me acerqué por la espalda a dos de mis doctorandos, una chica y un chico, para ver lo que estaban haciendo. Puse cada una de mis manos en sus respectivos hombros y acto seguido, como si un calambre fuera, quité mi mano del hombro del chico… de pronto imaginé cien comentarios en twitter sobre un pobre doctorando que se vio acosado por su poderoso director científico y, acto seguido, otros cientos de ficticios afectados por mi constante seducción. Si ya he tenido que subir fotos de mi equipo para que vean el equilibrio entre sexos, cosa que no he buscado, pero sí ha surgido, y más de una vez han llegado a mis oídos comentarios sobre el porcentaje elevado de homosexuales en el IdiPAZ debido a un favoritismo inexistente… pues imaginaos si doy pie a otras equivocaciones. Con todo esto sólo quiero llamar la atención sobre los extremos y las vilezas humanas. Debemos juzgar las realidades en sus contextos y recordar que, si la envidia fuera tiña, viviríamos en un planeta de tiñosas. No sé dónde Plácido Domingo ponía la línea que separa su galantería del poderío que le ha otorgado su excelencia. No sé cuántas personas habrán coqueteado con el tenor para lograr un favor, no olvidemos que hay vicios en las dos direcciones. No puedo asegurar que Mia Farrow miente o si Allen es el embustero. Por ahora, sólo recuerdo la voz del primero que he tenido la oportunidad de disfrutar en varias latitudes y las películas geniales del segundo. Cuando se tenga la certeza de sus supuestas vilezas, me entristecerá la condición humana que hace de un genio un ser despreciable. 
De cualquier manera y volviendo a mi querida Blyton… ¿racista? era difícil introducir en la trama a un negro, estamos hablando de una Inglaterra rural del siglo pasado, ¿sexista? en todos los libros no recuerdo diferencias entre niños y niñas de hecho me sorprendía lo intrépidas que eran las segundas, ¿homófoba? me hubiese percatado, pero hilando fino en unas de la series aparecía una niña que se llamaba Jorgina que respondía a un fenotipo de lesbiana sin tapujos ni críticas. Un ejercicio recomendable cuando acusamos una actitud del pasado es imaginarnos a nosotros mismos en esas circunstancias… seguramente habríamos sido: racistas, sexistas, homófobos y una larga lista de barbaridades. Éramos otros y otras eran las circunstancias. Por suerte evolucionamos y hoy discutimos sobre la igualdad en términos muy alejados de los vocablos usados hace pocos años. Debemos seguir haciéndolo, pero no evaluemos la historia con el prisma del 2019, nos saldría todo distorsionado. Ya tenemos suficiente con quienes prefieren valores a pulmones o predicen parroquias ardiendo. 
Os quiero, 
Ed.

viernes, 27 de septiembre de 2019

Viernes... verde porque quiero verde este planeta

Hola a tod@s! 
Se despide una semana verde o al menos así se ha teñido parte del mundo con las marchas y protestas centradas en el cambio climático. Un tema delicioso donde se opina alegremente en un espectro enorme que va desde la negación hasta el catastrofismo. Mientras tanto, Bolsonaro niega la identidad de la Amazonia como pulmón planetario, Trump abraza el patriotismo como única salvación para la Tierra y por el sur español encargan a Vox las políticas  medioambientales… en fin.
Miles de voces se han alzado contra Greta Thunberg, sus padres, patrocinadores reales o ficticios y seguidores. Unos la tildan de niña abducida por la mafia verde-roja que quiere dominarnos, otros la mandan a la escuela (de ser posible con un bozal), más allá culpan a sus padres por convertirla en una marioneta, una escritora cubana arremete contra la pequeña sueca diciendo que a ella sí le robaron su infancia, y no tuvo la oportunidad de plantarse en al ONU para reclamar nada… hace 60 años. Yo, lo siento mucho por aquellos que necesitan leer lo contrario, me identifico con su: “How dare you?” Ese grito con expresión de rabia incorporada muchas veces lo he querido dar cuando veo los discursos de palabras huecas y con una treintena de intenciones ocultas de quienes han tenido la oportunidad de hacer algo por detener lo que ya es una realidad: el cambio climático. Ayer uno de mis colaboradores me decía: “total, es un ciclo que tiene que cumplir la naturaleza, la Tierra se tiene que fundir”. Con esta posición estaríamos extinguidos como especie porque no hubiéramos detenidos epidemias y otras catástrofes… claro está, si leemos la historia siempre o casi siempre ha sido a pesar de quien ostenta el poder. Aceptar que es un ciclo es una barbaridad a la que se opone Greta y sus seguidores, me incluyo. Pero vamos un poco más allá, algunos han dicho, no sin razón, que quienes deberían liderar esta cruzada por frenar el cambio climático tienen que ser los científicos… gran verdad, pero existe un pequeño detalle a tener en cuenta. No miento si os digo que he firmado una decena de cartas internacionales de científicos dando datos y recomendaciones, letras que han caído en los basureros electrónicos de ilustres despachos. La historia corta es que no se nos ha escuchado. Sin embargo, esta niña con su aspecto retraído, tan groseramente criticado, ha movido millones. Se ha podido entender con los adolescentes y jóvenes, aquellos que en unos años llegarán a puestos de poder con la semilla de Greta en sus mochilas. Los de la teoría de la conspiración, tan socorrida en cada familia, advierten que detrás están las mafias de las energías limpias… yo no lo sé, creo que realmente nadie lo sabe. Mas mi respuesta la doy en inglés: “and so what?” Detrás del no cambio climático, del no reducir la contaminación ambiental, del no a las energías limpias están las grandes petroleras y el carbón que, a ciencia cierta, contaminan y contribuyen a la aceleración del declive que estamos viviendo. ¿Qué se prefiere? Yo lo tengo claro. Seguramente, Greta pudo incorporar otros elementos a su discurso, siempre se puede, pero lo que hizo me parece en español puro y alejado del latín: “cojonudo”. Con sus 16 años, edad en la que ya no es una niña (recordemos los aplausos a los Messi precoces), ha conectado y tocado teclas sensibles. Mi máxima es: si soy el más inteligente de la habitación, estoy en la sala equivocada. No me asustan que los nuevos me hagan sombra y Greta creo que llegará lejos en su propósito, ojalá así sea. Por lo pronto ya algunos se asustan y reaccionan, otros miran su huella contaminante planteándose reducirla y… nada será igual. No dudo que Estocolmo valore un Nobel para su causa y ya hablaremos de injusticias en su momento. Mas dejemos las broncas y los desencuentros, la Tierra necesita de nuestros cuidados y debemos hacer esas pequeñas cosas cotidianas que, sumadas, contribuyen… yo seguiré peleándome con mi esposo para que apague las luces innecesarias, él seguirá insistiéndome en reciclar, Rufi que seguro no lee este Viernes porque está estudiando, nos reñirá en andalú para que hagamos las cosas mejor y David Barrado descubrirá exoplanetas para migrar. 
Entonces para despedirme, cambio de tercio y os cuento algo mágico… En Radio Nacional de España existe un programa al filo de la medianoche que se llama La Observadora, su conductora es Teresa Viejo, mujer maravillosa de gloriosa voz. Hace una semana me dio la oportunidad de compartir con ella esa media hora mágica y fue realmente especial aquí os dejo el link (http://www.rtve.es/m/alacarta/audios/la-observadora/observadora-eduardo-lopez-collazo-22-09-19/5393345/?media=rne&fbclid=IwAR3lYMjayPxLP8KX4gWdXVAP2tgn4fgMyNaFuUPNWHMuIgkco3mq4816198). Pero no quedó ahí. Hoy he recibido en mi laboratorio un paquete enviado por un señor de 84 años, fiel oyente de La Observadora, con una carta manuscrita y El Principio en latín… como dato os puedo decir que en la entrevista hablamos de mi afición por coleccionar este libro en diversas lenguas. La magia de la Radio y los detalles de personas únicas hizo el resto. Buscando información sobre ese señor de venerable edad me percato que es Tomás Ramírez Ortiz, un auténtico polímata y conocedor de El Principito, con varios libros publicados sobre el tema además de una historia vital que ojalá algún día me pueda contar cara a cara. 
Os quiero, 
Ed.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Viernes... gallego.

Hola a tod@s! 
Y por Galicia estuve… diría y digo, como si ayer hubiese escrito el anterior Viernes. A Coruña me fui para presentar mi libro, exponer mi teoría sobre la metástasis a científicos incrédulos y divulgar la palabra científica en un museo de ensueño. 
Algo sucede en Galicia que me renueva cada vez que allí estoy. Dicen que algún antepasado mío, un Collazo sin López quizá, creció por aquellos lares y luego marchó en busca de esa tierra ¿prometida? que llamaron Cuba. Lo cierto es que con sólo poner el pie en tierras gallegas algo se conecta y me insufla energía. 
Fueron dos días de vértigo sin mareos. En una librería, definida espacio libre de machismo, me sentí como en esa casa repleta de textos escogidos que, en Jovellanos, Madrid y otros lugares he construido, libro a libro. En LUME, Begoña creó un espacio para la discusión y fui arropado por personas cálidas, ávidas de respuestas, llenas de preguntas. Antes y después, conmigo estuvieron Julio, a quien me empeñé cambiarle el nombre por Julián a pesar de esa sintonía que el cine y las lecturas nos unieron en el primer instante, y María con quien comparto la vocación infinita de responder preguntas. Ambos guiaron mis pasos coruñeses, sin prisas ni pausas, con alegría. Entre medias, hablé con Cristina, la periodista que apareció con el cuarto Principito en gallego de mi colección, una sonrisa y preguntas para la radio. En otras medias, Miriam, una amiga de aquellos primeros tiempos postdoctorales madrileños, me localizó al ver mi foto en un periódico local que se hacía eco de la visita relámpago que estoy describiendo. 
El primer día voló, la noche cayó y la mañana surgió para llevarme frente a un montón de científicos que evaluaban cada palabra, gráfico y sentencia sobre esa “más allá de la quietud” o lo que es lo mismo, mi teoría sobre la metástasis. Nuevamente María guiaba mis pasos por los laberintos, esta vez hospitalarios, con el tiempo justo para atender a unos y otros como si de una estrella de cine se tratara… pero no, íbamos a hablar de ciencia. Llegó la comida y fue entonces que un tocayo y hombre de piel, no sólo por ser dermatólogo, me contó anécdotas en primera persona de sus tiempos madrileños al frente del primer servicio que atendía a los infectados con VIH que, en aquel entonces, ya venían con SIDA. 
Con la mente en otro libro me fui al hotel por unas horas y allí un terremoto de cinco años con ojos azules llamada Candela me esperaba junto a su orgulloso padre, hablo de Juan. Fueron tan sólo unos minutos que me alegré poder compartirlos con esa familia, compuesta por dos padres y un remolino. Para el final, el postre dulce de un Museo precioso liderado por una hermosa mujer. Ana lo tenía todo preparado, un recorrido exprés, una invitación para volver y la sala rebosante de personas variopintas para escucharme, un lujo, no para ellos, sí para mí. Hora y algo después, disparados salíamos en el coche de María para el aeropuerto. Palabras de agradecimiento mutuo, promesas de encuentros acá y allá, preguntas que pueden abrir proyectos (las conexinas de María) nos acompañaron los pocos kilómetros recorridos. Entonces sobrevino el remate… a la entrada de la terminal un equipo móvil de televisión me esperaba con la misión de captar los últimos minutos de mis dos días gallegos y emitirlos, en directo, en el telediario local. 
Sólo puedo decir, gracias. Sólo puedo preguntarme: ¿Qué he hecho yo para merecer esto?  
Os quiero, 
Ed.