viernes, 27 de septiembre de 2019

Viernes... verde porque quiero verde este planeta

Hola a tod@s! 
Se despide una semana verde o al menos así se ha teñido parte del mundo con las marchas y protestas centradas en el cambio climático. Un tema delicioso donde se opina alegremente en un espectro enorme que va desde la negación hasta el catastrofismo. Mientras tanto, Bolsonaro niega la identidad de la Amazonia como pulmón planetario, Trump abraza el patriotismo como única salvación para la Tierra y por el sur español encargan a Vox las políticas  medioambientales… en fin.
Miles de voces se han alzado contra Greta Thunberg, sus padres, patrocinadores reales o ficticios y seguidores. Unos la tildan de niña abducida por la mafia verde-roja que quiere dominarnos, otros la mandan a la escuela (de ser posible con un bozal), más allá culpan a sus padres por convertirla en una marioneta, una escritora cubana arremete contra la pequeña sueca diciendo que a ella sí le robaron su infancia, y no tuvo la oportunidad de plantarse en al ONU para reclamar nada… hace 60 años. Yo, lo siento mucho por aquellos que necesitan leer lo contrario, me identifico con su: “How dare you?” Ese grito con expresión de rabia incorporada muchas veces lo he querido dar cuando veo los discursos de palabras huecas y con una treintena de intenciones ocultas de quienes han tenido la oportunidad de hacer algo por detener lo que ya es una realidad: el cambio climático. Ayer uno de mis colaboradores me decía: “total, es un ciclo que tiene que cumplir la naturaleza, la Tierra se tiene que fundir”. Con esta posición estaríamos extinguidos como especie porque no hubiéramos detenidos epidemias y otras catástrofes… claro está, si leemos la historia siempre o casi siempre ha sido a pesar de quien ostenta el poder. Aceptar que es un ciclo es una barbaridad a la que se opone Greta y sus seguidores, me incluyo. Pero vamos un poco más allá, algunos han dicho, no sin razón, que quienes deberían liderar esta cruzada por frenar el cambio climático tienen que ser los científicos… gran verdad, pero existe un pequeño detalle a tener en cuenta. No miento si os digo que he firmado una decena de cartas internacionales de científicos dando datos y recomendaciones, letras que han caído en los basureros electrónicos de ilustres despachos. La historia corta es que no se nos ha escuchado. Sin embargo, esta niña con su aspecto retraído, tan groseramente criticado, ha movido millones. Se ha podido entender con los adolescentes y jóvenes, aquellos que en unos años llegarán a puestos de poder con la semilla de Greta en sus mochilas. Los de la teoría de la conspiración, tan socorrida en cada familia, advierten que detrás están las mafias de las energías limpias… yo no lo sé, creo que realmente nadie lo sabe. Mas mi respuesta la doy en inglés: “and so what?” Detrás del no cambio climático, del no reducir la contaminación ambiental, del no a las energías limpias están las grandes petroleras y el carbón que, a ciencia cierta, contaminan y contribuyen a la aceleración del declive que estamos viviendo. ¿Qué se prefiere? Yo lo tengo claro. Seguramente, Greta pudo incorporar otros elementos a su discurso, siempre se puede, pero lo que hizo me parece en español puro y alejado del latín: “cojonudo”. Con sus 16 años, edad en la que ya no es una niña (recordemos los aplausos a los Messi precoces), ha conectado y tocado teclas sensibles. Mi máxima es: si soy el más inteligente de la habitación, estoy en la sala equivocada. No me asustan que los nuevos me hagan sombra y Greta creo que llegará lejos en su propósito, ojalá así sea. Por lo pronto ya algunos se asustan y reaccionan, otros miran su huella contaminante planteándose reducirla y… nada será igual. No dudo que Estocolmo valore un Nobel para su causa y ya hablaremos de injusticias en su momento. Mas dejemos las broncas y los desencuentros, la Tierra necesita de nuestros cuidados y debemos hacer esas pequeñas cosas cotidianas que, sumadas, contribuyen… yo seguiré peleándome con mi esposo para que apague las luces innecesarias, él seguirá insistiéndome en reciclar, Rufi que seguro no lee este Viernes porque está estudiando, nos reñirá en andalú para que hagamos las cosas mejor y David Barrado descubrirá exoplanetas para migrar. 
Entonces para despedirme, cambio de tercio y os cuento algo mágico… En Radio Nacional de España existe un programa al filo de la medianoche que se llama La Observadora, su conductora es Teresa Viejo, mujer maravillosa de gloriosa voz. Hace una semana me dio la oportunidad de compartir con ella esa media hora mágica y fue realmente especial aquí os dejo el link (http://www.rtve.es/m/alacarta/audios/la-observadora/observadora-eduardo-lopez-collazo-22-09-19/5393345/?media=rne&fbclid=IwAR3lYMjayPxLP8KX4gWdXVAP2tgn4fgMyNaFuUPNWHMuIgkco3mq4816198). Pero no quedó ahí. Hoy he recibido en mi laboratorio un paquete enviado por un señor de 84 años, fiel oyente de La Observadora, con una carta manuscrita y El Principio en latín… como dato os puedo decir que en la entrevista hablamos de mi afición por coleccionar este libro en diversas lenguas. La magia de la Radio y los detalles de personas únicas hizo el resto. Buscando información sobre ese señor de venerable edad me percato que es Tomás Ramírez Ortiz, un auténtico polímata y conocedor de El Principito, con varios libros publicados sobre el tema además de una historia vital que ojalá algún día me pueda contar cara a cara. 
Os quiero, 
Ed.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Viernes... gallego.

Hola a tod@s! 
Y por Galicia estuve… diría y digo, como si ayer hubiese escrito el anterior Viernes. A Coruña me fui para presentar mi libro, exponer mi teoría sobre la metástasis a científicos incrédulos y divulgar la palabra científica en un museo de ensueño. 
Algo sucede en Galicia que me renueva cada vez que allí estoy. Dicen que algún antepasado mío, un Collazo sin López quizá, creció por aquellos lares y luego marchó en busca de esa tierra ¿prometida? que llamaron Cuba. Lo cierto es que con sólo poner el pie en tierras gallegas algo se conecta y me insufla energía. 
Fueron dos días de vértigo sin mareos. En una librería, definida espacio libre de machismo, me sentí como en esa casa repleta de textos escogidos que, en Jovellanos, Madrid y otros lugares he construido, libro a libro. En LUME, Begoña creó un espacio para la discusión y fui arropado por personas cálidas, ávidas de respuestas, llenas de preguntas. Antes y después, conmigo estuvieron Julio, a quien me empeñé cambiarle el nombre por Julián a pesar de esa sintonía que el cine y las lecturas nos unieron en el primer instante, y María con quien comparto la vocación infinita de responder preguntas. Ambos guiaron mis pasos coruñeses, sin prisas ni pausas, con alegría. Entre medias, hablé con Cristina, la periodista que apareció con el cuarto Principito en gallego de mi colección, una sonrisa y preguntas para la radio. En otras medias, Miriam, una amiga de aquellos primeros tiempos postdoctorales madrileños, me localizó al ver mi foto en un periódico local que se hacía eco de la visita relámpago que estoy describiendo. 
El primer día voló, la noche cayó y la mañana surgió para llevarme frente a un montón de científicos que evaluaban cada palabra, gráfico y sentencia sobre esa “más allá de la quietud” o lo que es lo mismo, mi teoría sobre la metástasis. Nuevamente María guiaba mis pasos por los laberintos, esta vez hospitalarios, con el tiempo justo para atender a unos y otros como si de una estrella de cine se tratara… pero no, íbamos a hablar de ciencia. Llegó la comida y fue entonces que un tocayo y hombre de piel, no sólo por ser dermatólogo, me contó anécdotas en primera persona de sus tiempos madrileños al frente del primer servicio que atendía a los infectados con VIH que, en aquel entonces, ya venían con SIDA. 
Con la mente en otro libro me fui al hotel por unas horas y allí un terremoto de cinco años con ojos azules llamada Candela me esperaba junto a su orgulloso padre, hablo de Juan. Fueron tan sólo unos minutos que me alegré poder compartirlos con esa familia, compuesta por dos padres y un remolino. Para el final, el postre dulce de un Museo precioso liderado por una hermosa mujer. Ana lo tenía todo preparado, un recorrido exprés, una invitación para volver y la sala rebosante de personas variopintas para escucharme, un lujo, no para ellos, sí para mí. Hora y algo después, disparados salíamos en el coche de María para el aeropuerto. Palabras de agradecimiento mutuo, promesas de encuentros acá y allá, preguntas que pueden abrir proyectos (las conexinas de María) nos acompañaron los pocos kilómetros recorridos. Entonces sobrevino el remate… a la entrada de la terminal un equipo móvil de televisión me esperaba con la misión de captar los últimos minutos de mis dos días gallegos y emitirlos, en directo, en el telediario local. 
Sólo puedo decir, gracias. Sólo puedo preguntarme: ¿Qué he hecho yo para merecer esto?  
Os quiero, 
Ed.

viernes, 26 de julio de 2019

Viernes... corto y de vacaciones me voy

Hola a tod@s!
Es viernes,  son las tantas y me voy al ballet… pero antes cierro un análisis de datos, dejo instrucciones a mi segundo en el laboratorio, reviso un manuscrito y tengo la impresión que algo falta por hacer. ¿Algo? Miles diría yo, pero los descansos son necesarios…
Hoy, además, una observadora me ha entrevistado y el día se iluminó por esa sonrisa que tan sólo había escuchado por la radio. Luego comí con dos amigos de esos que ya forman parte de mí y aquí estoy, en el laboratorio, haciendo tiempo hasta que un programa termine de calcular.
Os quiero,
Ed.

martes, 2 de julio de 2019

Miércoles de 50...

Hola a tod@s!

Cincuenta vueltas alrededor del Sol... y sin marearme. Medio siglo de inseguridades, alegrías, muchas lágrimas, varias pérdidas, algunas decepciones y millones de momentos memorables. Feliz estoy de poder decirlo. Hoy recuerdo muchas cosas importantes. Compartirlas con mis amigos es un placer... elegí cincuenta y las enumero sin orden ni concierto:

1.     Leer la biografía de Marie Curie cuando no superaba el metro de altura.
2.    Compartir lo que aprendía con mi madre.
3.    Enamorarme perdidamente de alguien que llamé “Ein”.
4.    Llamar a mi madre por teléfono para decirle que me admitían en Física Nuclear.
5.    Un beso en el ascensor de un edificio habanero.
6.    Ver bailar a Alicia Alonso su Giselle, 50 años después de haberse estrenado en el personaje.
7.    Recibir el grado de doctor rodeado de amigos y apoyado por quien “me salvó de entre los muertos”.
8.    Ver la torre Eiffel a lo lejos… estaba llegando a Paris.
9.    Reconocer el “skyline” de NY desde un avión de Lufthansa.
10. Comprobar que la IRAK-M no sólo inhibía la respuesta inflamatoria durante una bacteremia, lo hace también en un contexto tumoral. Y más tarde comprobar que la metástasis se puede explicar mediante una fusión. 
11.  Ver a los impresionistas en el Orsay y luego escuchar los acordes de Giselle sentado en una escalinata.
12. Entrar en la tumba de Tutankamon siglos después.
13. Descubrir el poema que más me gusta de Borges (fue en un cuartucho de 12 y Malecón).
14. El debut de Lorna en El Lago, lugar donde estuvimos tod@s sin conocernos aún.
15. Aterrizar en Barajas… llegaba a Europa.
16. Cada carta de mi madre con una rosa amarilla en su interior, durante años y años.
17. La expresión de Lilo buscando, en su cartera, dinero para pagar un imposible.
18. Descubrir qué era el cubismo mientras leía La Consagración de la Primavera en aquel Jovellanos perdido.
19. Una comida con tres amigos… uno de ellos ya no está.
20. Cuando me dieron la nacionalidad española y unos algunos años después llego a dirigir uno de los Institutos de Investigación más grandes e importantes del país. 
21. Pasear por NY con Nelson y Lissette o por La Habana con Ariel. Repetir paseo con Lissette pero por Madrid.
22. Discutir con Carlos de ciencia frente al mar y con Karel en Milán.
23. Escuchar la 9th Sinfonía de Bethoveen cada nuevo año.
24. Saber que hay amigos que siempre están
25. Soñar muchas cosas con mis amigos del pueblo: Iván, Leidys, Jany, Agustín, Eddy… ¡Cuidado con soñar! A veces se hace realidad.
26. Caminar frente al mar mojándome los pies en varios mares, en muchas latitudes.  
27. Ver por primera vez el Guernica de la mano de Ángel y Argeo.
28. Cuando un error en un experimento me mostró el camino de lo que sigo estudiando hoy: la tolerancia en el sistema inmune innato.
29. Tener un laboratorio que produce varios Summa cum laude cada año.
30. Aquellos domingos de eternos desayunos y lectura de El País (Lilo, Caveda y yo).
31. Llegar a Europa con veintitantos años, veintitantos dólares, mil ilusiones y solo. ¡Se dice rápido!
32. Crear EMPIREO de la nada y con amig@s.
33. Hablar de mis experimentos en Milano, Freiburg, Provindence, Londres, NY, St Louis, Gante, Singapur, Madrid…
34. Una conferencia de Miriam Palacios donde no entendí nada pero me hizo ver el camino a seguir.
35. Otra conferencia, esta vez mía, con Miriam Palacios en la audiencia… años después de la suya y en Londres.
36. Poder preguntarle a Daína Chaviano lo que intrigó a toda una generación y luego tenerla como una amiga alegre con quien no pierdo el contacto.
37. Emocionarme con mil espectáculos que tengo en mi mente.
38. Encontrarme con amigos aquí y allá: Paneque en una escalera de metro, Shelly siglos después, Alina muchos siglos después, Iván en una playa, Petita por Miami, Ariel en Madrid, Yovany y Dilaila en un hotel…
39. Recibir un premio de literatura cuando mi fuerte es la ciencia.
40. Recibir un premio y luego otro y más tarde otro sin dar crédito al primero ni creerme los siguientes.
41. Salir a la calle a celebrar que ¡por fin! somos iguales… un sábado 3 de julio de 2005.
42. Encontrar a Ismael y formar una familia con él junto a Pelusi, Wakito, Milky y Tamalín (cosas nuestras, no indaguéis).
43. Poder celebrar nuestra unión rodeado de su familia y mis amigos… en especial aquellas eternas compañeras de viajes: Lilo, Any, Lissette y Shelly.
44.  Leer “Tq” en mi teléfono.
45. Ir de la mano de mi esposo a donde quiera porque existe una ley que me ampara.
46. Crear mi propio Castalia con amigos que se han vuelto imprescindibles y luego ampliarlo a lo que llamamos el “Brunch”.
47. Publicar un libro y tener previstos dos más.
48. Cada saludo digital de personas virtuales que dejan de serlo por la maravilla de la palabra escrita.
49. Saber que existen hermanas que te aportan la vida como las Anas y Paloma.
50. Poder decir que sigo fiel al niño que fui.

Os quiero, 
Ed.

sábado, 29 de junio de 2019

Viernes de vuelta...

Hola a tod@s! Ya he perdido la cuenta, no sé cuándo fue la última vez que escribí un Viernes. La presentación de mi libro me saturó, los viajes que vinieron después me colmaron, las aberraciones políticas me bloquearon… pero las imbecilidades escuchadas y leídas ayer 28 de junio me dieron una bofetada de realidad y aquí estoy, no un viernes pero sí un sábado temprano, escribiendo mi correspondiente Viernes. 
Quizá sea por la cercanía al medio siglo o el hartazgo digital pero hay ocasiones, cada vez más frecuentes he de admitir, que me asalta un deseo fortísimo de decir: ¡a la mierda, no voy a mover un sólo dedo para intentar explicar, mejorar, hacer entender y un largo etcétera! Pero entonces me vienen a la mente personas decidiendo que no es necesario seguir pensando porque ya se escribió El Quijote y se descubrió América. Se me aparecen otras organizando gobiernos futuros llenos de juristas que deciden eliminar el ministerio de Ciencia por ser innecesario para “las cuatro cosas que hacen funcionar un país”. Y leo, escucho, proceso opiniones, sentencias varias en el mundo de internet, donde sabios populares dictaminan, escuecen y retuercen pescuezos ilustres. Entonces, vuelvo al redil. 
Estas semanas, casi meses, han estado marcada por eso que llamo “mi libro”, una realidad de 156 páginas que me hizo sufrir un proceso de creación acelerado, y también un cúmulo de alegrías, sorpresas y exposición. Todo empezó con una presentación en la Casa del Libro de Gran Vía, templo adorado de casi todo lector. Fue emocionante ver a tantas personas queriendo escuchar y preguntar. Luego vinieron días de radio, alguna tele y mucha prensa escrita. Una vez mi libro estuvo entre los 100 más vendido de toda España y otra y otra más… amig@s, fue delicioso. En un momento dejé de consultar Amazon y visitar las librerías para comprobar que continua en un lugar destacado, mas no dejé de leer la opinión de los lectores. Temía la crítica condescendiente o, quizá peor, el silencio de quien no quiere decir lo que piensa. Pero esto, no ocurrió. Amigos críticos, diría hipercríticos, de aquí y allá, coincidieron en parabienes. Desconocidos me escribieron odas electrónicas, conocidos virtuales me siguieron en otras presentaciones para pedirme la firma… Entonces llegó lo que temía: la opinión de los pacientes, de aquellas personas que están sufriendo… he recibido centenares de ¡gracias! Y eso, es impagable. 
La vida avanzó, mientras España se llenaba de votaciones, me fui a Santiago, Coruña, Canarias… otra vez Tenerife. En Coruña di una charla “Nauka” que fue una experiencia llena de adrenalina. En Santiago, Pepe Castillo me hizo preguntas filosóficas mientras presentaba mi libro y en Tenerife entregué el Alan Turing a ese escritor de futuro brillante que se llama Javier Cid. Pero hago un alto para contar algo gracioso… como dice una amiga: “cuidado que los sueños se hacen realidad”. En la fiesta que coronó la gala de los premios andaba yo, medio despistado, buscando a mi esposo cuando vi a un grupo de personas que venían a mi encuentro. La reacción primera fue esquivarlos, mas me percaté que requerían mi atención o la de alguien que tendría a mis espaldas, me giré y sólo encontré el vacío llenado por la noche tinerfeña… ya era tarde, no podía apartarme más. Entonces uno de ellos me extendió su móvil en un claro reclamo y diciendo: “por favor (algo que no entendí) una foto”. Respondí con un “si” solícito mientras arrebataba el móvil de su mano y me disponía a encuadrar en la pantalla aquel grupo de personas para inmortalizar su momento. Pero algo ocurría, a través del móvil sólo vi caras desconcertadas mientras el dueño del teléfono se apresuraba a aclararme el malentendido… “queremos una foto contigo”. Fue entonces que, entre risas, me hice una decena de selfies con ellos. Siempre recuerdo aquella película donde una escritora novel entra a un sitio, todo el mundo aplaude mientras ella se gira buscando a quien aplaudían… no sueñes, ya sabes. 
Pero no todo reluce, en el laboratorio seguimos luchando por hacer público una nueva forma de parar la sepsis. Las revistas clínicas nos dicen que son datos demasiado mecanísticos, y las básicas califica el trabajo de extremadamente clínico. En laboratorio, también, seguimos luchando por no tener que hundirnos en un mar de papeles para comprar un mísero reactivo de 20 euros. En el laboratorio seguimos sin entender por qué la ciencia, a pesar de lo que digan, no importa un bledo. Y si vamos a la calle, Madrid, otrora refugio de diversidad, se pinta con un verde vomitivo en la búsqueda de la “libertad” que significa eliminar, a golpe de leyes, las verdaderas libertades conseguidas. Es entonces que algo me preocupa, aún más. La propia división que está experimentando el colectivo LGTB+. ¿No está claro que la mejor estrategia es escindir? Divides y vencerás. Hoy no puede importar si tu ideología está cercana o lejana de la izquierda, la derecha o el cacareado centro que cada vez más diluido. No, lo primero es la dignidad de ser una persona y que se te reconozca en toda extensión de la palabra. No dejemos que el discurso eléctrico nos confunda… somos pocos, es una realidad, pueden acabar con nosotros, no sería la primera vez… ¿Lo vas a permitir? Es probable que eso de estar a punto de completar mi vuelta número 50 alrededor del Sol me haga ver las realidades desde otra perspectiva. Si una cosa tengo clara es que, a la hora de la verdad, los únicos que van a dar la cara por el colectivo seremos nosotros mismos. El resto pensará que no es para tanto… como otra mil veces. 
Os quiero, 
Ed.

viernes, 10 de mayo de 2019

Viernes... para mis amigos gestores de ciencia.

Hola a tod@s! 
Cuando decidí estudiar Física Nuclear lo hice porque intentaba comprender lo más difícil, la esencia del universo… luego todo lo demás sería fácil de asumir. Cuán equivocado andaba yo por aquel Jovellanos del siglo pasado. En realidad si quería aprender algo enmarañado pero esencial tendría que haberme hecho “gestor de ciencia”. Esta categoría se adquiere fundamentalmente estudiando leyes y economía, es contraproducente tener un título de científico o cosa parecida. Entre más alejado de un laboratorio estés más éxito tendrás creando e interpretado medidas retorcidas que van poniendo traspiés a todo aquel que quiera estudiar un fenómeno natural o incluso curar una patología. “¿Qué se habrán pensado los científicos?” creo que es el primer tema que deben pasar en su evaluación para obtener el grado exigido. Los demás módulos ni los menciono para no herir sensibilidades. 
Nunca imaginé que la Mecánica Cuántica fuera un juego de infantes comparada con el entramado burocrático que se ha tejido para gestionar un proyecto de investigación. Lo increíble y maravilloso está en la viveza involutiva de las medidas, cada una peor y más incompresible que la anterior. Pero aún más extraordinaria es la capacidad que tiene el “gestor de ciencia” de explicar y dar sentido a todas las medidas que debe aplicar cada día. Lo increíble es que, una vez sumido en la red, todo va cobrando sentido y sólo poquísimas veces recuerdan que, en una vida anterior, eran personas con una óptica común. Todo esto lo digo por pura experiencia propia, no penséis que voy de científico sabiondo que levita sobre la burocracia. No queridos, pero una vez fui normal. Por aquel entonces me percataba de las extravagancias exigidas para comprar un mísero reactivo de laboratorio, necesario para un experimento. Ya hoy estoy abducido, más de una vez me he descubierto explicando mil sin sentidos desde una lógica extrasensorial. A veces he justificado el despropósito y hasta intentado implementarlo. Mas de pronto he dicho basta. Hay otro mundo posible, donde las leyes y las medidas tengan por base el sentido común. Amigos gestores de ciencia, se puede, se puede dejar de buscar el mínimo detalle en una medida para despedir a un investigador que ha ganado una convocatoria de recursos humanos. He descubierto que se puede dejar de interpretar los extremos que nos inducen a prohibir la compra de reactivos necesarios para un proyecto de investigación… recordad que en uno de esos experimentos podrá salir la cura para una enfermedad que puedes padecer en el futuro. Pero, por encima de todo, vuelve a ser persona pensante, deja de hacerle el juego a quienes aún viven con la vista nublada… se puede, inténtalo. 
Os quiero, 
Ed.

viernes, 26 de abril de 2019

Viernes... para ti, español.

Hola a tod@s! 
En inglés existe una expresión que define con exactitud cuando alguien no sé percata de algo que disfruta… lo da por hecho. Probablemente quienes me lean, no sé cuántos lo hacen, encuentren un equivalente exacto en nuestra lengua. Yo no lo tengo en mente ahora. La cuestión está en dar por sentado algunos derechos, incluso todos, y actuar como si nunca pudieran desaparecer. Sin embargo, no es así. Quienes han tenido que dejar atrás sueños, familias y raíces por ganar algo tan inmaterial como son los derechos entienden de lo que hablo. A los otros, sólo os pido que abandonéis, por unos minutos, vuestra seguridad y ocupéis, también por unos minutos, la incómoda silla de quien no posee uno o dos de los derechos que tenéis. 
En unas horas, a penas dos días, estaremos votando. Un acto maravilloso donde cada ciudadano de este país podrá escoger, en libertad, el tipo de España que amanecerá el lunes 29. Un derecho que, por ejemplo, yo no tuve durante una dilatada parte de mi vida y hoy, gracias a mi nacionalidad adquirida, tengo. Sin embargo, este acto tan simple y rotundo podría peligrar. No son pocos los que piensan que el hecho de no haber nacido en suelos de la Madre Patria me hace menos español. De nada sirve saberme de memoria los poemas de Lorca y poder discutir sobre la Constitución con la propiedad que aporta haberla estudiado. No tienen peso las dos décadas dedicadas a la Ciencia en este país hermoso que me abrió sus brazos a finales del siglos pasado… no eres español nacido y crecido en España, no eres igual. Faltó decir: eres de segunda. Quizá muchos penséis que es una ficción, un diálogo inventado para este Viernes puntual. Desafortunadamente, no es así. Nunca diré sus nombres pero han sido dos conversaciones con dos personas que considero inteligentes, solidarias, cercanas y amigas… ahí lo dejo, reflexionad. 
Una vez abandoné todo, en palabras de una amiga “lo dejé todo que no era mucho, pero era lo que tenía” para ser yo. Ese “yo” que durante años tuvo que esperar para realmente “ser”. Vengo de un sitio donde votar libremente es un privilegio no concedido, donde nunca pude ir de manos por la calle con mi pareja, varón igual que yo. Allí tuve que simular otro Eduardo para lograr estudiar, sin sobresaltos, lo que quería. En mi isla metafórica, Cuba para los despistados, tenía que forrar los libros prohibidos para poder leerlos sin ser señalado, conteníamos lágrimas y emociones cuando alguien partía “por unos meses” a un lugar lejano del que nunca regresaría pero simulábamos que aquello no ocurriría. Fueron muchos los años desconectando mi cuerpo de mi mente y viceversa, repitiéndome una y otra vez: “seré yo, después” mientras cantaba el himno nacional e izaba una bandera. Hoy tengo muchas cosas pero sobre todo tengo derechos, muchos de ellos ni siquiera os percatáis de su existencia, nacisteis con ellos puestos, no tuvisteis que abandonar, simular, olvidar, asumir y luchar para tenerlos… pero esto, puede cambiar. Y no valdrá un “yo voto en blanco o no voto porque nadie me representa”, tampoco valdrá un “soy apolítico”… luego las consecuencias son para todos, incluyéndote a ti. Votar, además, es un acto responsable que debemos meditar. Hacerlo con rabia y despecho se aleja de cualquier recomendación. Existe el cerebro, exprímelo y piensa qué tipo de país generarías si tu voto fuera el de todos, qué opciones de gobierno se pueden dar con tu elección. No me considero a la altura de recomendar ningún partido… yo sólo soy uno más de aquellos que muchos consideran de segunda. Pero sí creo necesario decirte que votes y no dejes el sobre vacío. No creas que por ser frecuente y estar en la zona alta de la pirámide social los demás no importamos. Piensa que en algún momento, en un resquicio, en una característica y en algún lugar te puedes volver infrecuente, entonces, adorarías tener ese derecho que hoy das “for granted”. 
Os quiero, 
Ed.