martes, 2 de julio de 2019

Miércoles de 50...

Hola a tod@s!

Cincuenta vueltas alrededor del Sol... y sin marearme. Medio siglo de inseguridades, alegrías, muchas lágrimas, varias pérdidas, algunas decepciones y millones de momentos memorables. Feliz estoy de poder decirlo. Hoy recuerdo muchas cosas importantes. Compartirlas con mis amigos es un placer... elegí cincuenta y las enumero sin orden ni concierto:

1.     Leer la biografía de Marie Curie cuando no superaba el metro de altura.
2.    Compartir lo que aprendía con mi madre.
3.    Enamorarme perdidamente de alguien que llamé “Ein”.
4.    Llamar a mi madre por teléfono para decirle que me admitían en Física Nuclear.
5.    Un beso en el ascensor de un edificio habanero.
6.    Ver bailar a Alicia Alonso su Giselle, 50 años después de haberse estrenado en el personaje.
7.    Recibir el grado de doctor rodeado de amigos y apoyado por quien “me salvó de entre los muertos”.
8.    Ver la torre Eiffel a lo lejos… estaba llegando a Paris.
9.    Reconocer el “skyline” de NY desde un avión de Lufthansa.
10. Comprobar que la IRAK-M no sólo inhibía la respuesta inflamatoria durante una bacteremia, lo hace también en un contexto tumoral. Y más tarde comprobar que la metástasis se puede explicar mediante una fusión. 
11.  Ver a los impresionistas en el Orsay y luego escuchar los acordes de Giselle sentado en una escalinata.
12. Entrar en la tumba de Tutankamon siglos después.
13. Descubrir el poema que más me gusta de Borges (fue en un cuartucho de 12 y Malecón).
14. El debut de Lorna en El Lago, lugar donde estuvimos tod@s sin conocernos aún.
15. Aterrizar en Barajas… llegaba a Europa.
16. Cada carta de mi madre con una rosa amarilla en su interior, durante años y años.
17. La expresión de Lilo buscando, en su cartera, dinero para pagar un imposible.
18. Descubrir qué era el cubismo mientras leía La Consagración de la Primavera en aquel Jovellanos perdido.
19. Una comida con tres amigos… uno de ellos ya no está.
20. Cuando me dieron la nacionalidad española y unos algunos años después llego a dirigir uno de los Institutos de Investigación más grandes e importantes del país. 
21. Pasear por NY con Nelson y Lissette o por La Habana con Ariel. Repetir paseo con Lissette pero por Madrid.
22. Discutir con Carlos de ciencia frente al mar y con Karel en Milán.
23. Escuchar la 9th Sinfonía de Bethoveen cada nuevo año.
24. Saber que hay amigos que siempre están
25. Soñar muchas cosas con mis amigos del pueblo: Iván, Leidys, Jany, Agustín, Eddy… ¡Cuidado con soñar! A veces se hace realidad.
26. Caminar frente al mar mojándome los pies en varios mares, en muchas latitudes.  
27. Ver por primera vez el Guernica de la mano de Ángel y Argeo.
28. Cuando un error en un experimento me mostró el camino de lo que sigo estudiando hoy: la tolerancia en el sistema inmune innato.
29. Tener un laboratorio que produce varios Summa cum laude cada año.
30. Aquellos domingos de eternos desayunos y lectura de El País (Lilo, Caveda y yo).
31. Llegar a Europa con veintitantos años, veintitantos dólares, mil ilusiones y solo. ¡Se dice rápido!
32. Crear EMPIREO de la nada y con amig@s.
33. Hablar de mis experimentos en Milano, Freiburg, Provindence, Londres, NY, St Louis, Gante, Singapur, Madrid…
34. Una conferencia de Miriam Palacios donde no entendí nada pero me hizo ver el camino a seguir.
35. Otra conferencia, esta vez mía, con Miriam Palacios en la audiencia… años después de la suya y en Londres.
36. Poder preguntarle a Daína Chaviano lo que intrigó a toda una generación y luego tenerla como una amiga alegre con quien no pierdo el contacto.
37. Emocionarme con mil espectáculos que tengo en mi mente.
38. Encontrarme con amigos aquí y allá: Paneque en una escalera de metro, Shelly siglos después, Alina muchos siglos después, Iván en una playa, Petita por Miami, Ariel en Madrid, Yovany y Dilaila en un hotel…
39. Recibir un premio de literatura cuando mi fuerte es la ciencia.
40. Recibir un premio y luego otro y más tarde otro sin dar crédito al primero ni creerme los siguientes.
41. Salir a la calle a celebrar que ¡por fin! somos iguales… un sábado 3 de julio de 2005.
42. Encontrar a Ismael y formar una familia con él junto a Pelusi, Wakito, Milky y Tamalín (cosas nuestras, no indaguéis).
43. Poder celebrar nuestra unión rodeado de su familia y mis amigos… en especial aquellas eternas compañeras de viajes: Lilo, Any, Lissette y Shelly.
44.  Leer “Tq” en mi teléfono.
45. Ir de la mano de mi esposo a donde quiera porque existe una ley que me ampara.
46. Crear mi propio Castalia con amigos que se han vuelto imprescindibles y luego ampliarlo a lo que llamamos el “Brunch”.
47. Publicar un libro y tener previstos dos más.
48. Cada saludo digital de personas virtuales que dejan de serlo por la maravilla de la palabra escrita.
49. Saber que existen hermanas que te aportan la vida como las Anas y Paloma.
50. Poder decir que sigo fiel al niño que fui.

Os quiero, 
Ed.

sábado, 29 de junio de 2019

Viernes de vuelta...

Hola a tod@s! Ya he perdido la cuenta, no sé cuándo fue la última vez que escribí un Viernes. La presentación de mi libro me saturó, los viajes que vinieron después me colmaron, las aberraciones políticas me bloquearon… pero las imbecilidades escuchadas y leídas ayer 28 de junio me dieron una bofetada de realidad y aquí estoy, no un viernes pero sí un sábado temprano, escribiendo mi correspondiente Viernes. 
Quizá sea por la cercanía al medio siglo o el hartazgo digital pero hay ocasiones, cada vez más frecuentes he de admitir, que me asalta un deseo fortísimo de decir: ¡a la mierda, no voy a mover un sólo dedo para intentar explicar, mejorar, hacer entender y un largo etcétera! Pero entonces me vienen a la mente personas decidiendo que no es necesario seguir pensando porque ya se escribió El Quijote y se descubrió América. Se me aparecen otras organizando gobiernos futuros llenos de juristas que deciden eliminar el ministerio de Ciencia por ser innecesario para “las cuatro cosas que hacen funcionar un país”. Y leo, escucho, proceso opiniones, sentencias varias en el mundo de internet, donde sabios populares dictaminan, escuecen y retuercen pescuezos ilustres. Entonces, vuelvo al redil. 
Estas semanas, casi meses, han estado marcada por eso que llamo “mi libro”, una realidad de 156 páginas que me hizo sufrir un proceso de creación acelerado, y también un cúmulo de alegrías, sorpresas y exposición. Todo empezó con una presentación en la Casa del Libro de Gran Vía, templo adorado de casi todo lector. Fue emocionante ver a tantas personas queriendo escuchar y preguntar. Luego vinieron días de radio, alguna tele y mucha prensa escrita. Una vez mi libro estuvo entre los 100 más vendido de toda España y otra y otra más… amig@s, fue delicioso. En un momento dejé de consultar Amazon y visitar las librerías para comprobar que continua en un lugar destacado, mas no dejé de leer la opinión de los lectores. Temía la crítica condescendiente o, quizá peor, el silencio de quien no quiere decir lo que piensa. Pero esto, no ocurrió. Amigos críticos, diría hipercríticos, de aquí y allá, coincidieron en parabienes. Desconocidos me escribieron odas electrónicas, conocidos virtuales me siguieron en otras presentaciones para pedirme la firma… Entonces llegó lo que temía: la opinión de los pacientes, de aquellas personas que están sufriendo… he recibido centenares de ¡gracias! Y eso, es impagable. 
La vida avanzó, mientras España se llenaba de votaciones, me fui a Santiago, Coruña, Canarias… otra vez Tenerife. En Coruña di una charla “Nauka” que fue una experiencia llena de adrenalina. En Santiago, Pepe Castillo me hizo preguntas filosóficas mientras presentaba mi libro y en Tenerife entregué el Alan Turing a ese escritor de futuro brillante que se llama Javier Cid. Pero hago un alto para contar algo gracioso… como dice una amiga: “cuidado que los sueños se hacen realidad”. En la fiesta que coronó la gala de los premios andaba yo, medio despistado, buscando a mi esposo cuando vi a un grupo de personas que venían a mi encuentro. La reacción primera fue esquivarlos, mas me percaté que requerían mi atención o la de alguien que tendría a mis espaldas, me giré y sólo encontré el vacío llenado por la noche tinerfeña… ya era tarde, no podía apartarme más. Entonces uno de ellos me extendió su móvil en un claro reclamo y diciendo: “por favor (algo que no entendí) una foto”. Respondí con un “si” solícito mientras arrebataba el móvil de su mano y me disponía a encuadrar en la pantalla aquel grupo de personas para inmortalizar su momento. Pero algo ocurría, a través del móvil sólo vi caras desconcertadas mientras el dueño del teléfono se apresuraba a aclararme el malentendido… “queremos una foto contigo”. Fue entonces que, entre risas, me hice una decena de selfies con ellos. Siempre recuerdo aquella película donde una escritora novel entra a un sitio, todo el mundo aplaude mientras ella se gira buscando a quien aplaudían… no sueñes, ya sabes. 
Pero no todo reluce, en el laboratorio seguimos luchando por hacer público una nueva forma de parar la sepsis. Las revistas clínicas nos dicen que son datos demasiado mecanísticos, y las básicas califica el trabajo de extremadamente clínico. En laboratorio, también, seguimos luchando por no tener que hundirnos en un mar de papeles para comprar un mísero reactivo de 20 euros. En el laboratorio seguimos sin entender por qué la ciencia, a pesar de lo que digan, no importa un bledo. Y si vamos a la calle, Madrid, otrora refugio de diversidad, se pinta con un verde vomitivo en la búsqueda de la “libertad” que significa eliminar, a golpe de leyes, las verdaderas libertades conseguidas. Es entonces que algo me preocupa, aún más. La propia división que está experimentando el colectivo LGTB+. ¿No está claro que la mejor estrategia es escindir? Divides y vencerás. Hoy no puede importar si tu ideología está cercana o lejana de la izquierda, la derecha o el cacareado centro que cada vez más diluido. No, lo primero es la dignidad de ser una persona y que se te reconozca en toda extensión de la palabra. No dejemos que el discurso eléctrico nos confunda… somos pocos, es una realidad, pueden acabar con nosotros, no sería la primera vez… ¿Lo vas a permitir? Es probable que eso de estar a punto de completar mi vuelta número 50 alrededor del Sol me haga ver las realidades desde otra perspectiva. Si una cosa tengo clara es que, a la hora de la verdad, los únicos que van a dar la cara por el colectivo seremos nosotros mismos. El resto pensará que no es para tanto… como otra mil veces. 
Os quiero, 
Ed.

viernes, 10 de mayo de 2019

Viernes... para mis amigos gestores de ciencia.

Hola a tod@s! 
Cuando decidí estudiar Física Nuclear lo hice porque intentaba comprender lo más difícil, la esencia del universo… luego todo lo demás sería fácil de asumir. Cuán equivocado andaba yo por aquel Jovellanos del siglo pasado. En realidad si quería aprender algo enmarañado pero esencial tendría que haberme hecho “gestor de ciencia”. Esta categoría se adquiere fundamentalmente estudiando leyes y economía, es contraproducente tener un título de científico o cosa parecida. Entre más alejado de un laboratorio estés más éxito tendrás creando e interpretado medidas retorcidas que van poniendo traspiés a todo aquel que quiera estudiar un fenómeno natural o incluso curar una patología. “¿Qué se habrán pensado los científicos?” creo que es el primer tema que deben pasar en su evaluación para obtener el grado exigido. Los demás módulos ni los menciono para no herir sensibilidades. 
Nunca imaginé que la Mecánica Cuántica fuera un juego de infantes comparada con el entramado burocrático que se ha tejido para gestionar un proyecto de investigación. Lo increíble y maravilloso está en la viveza involutiva de las medidas, cada una peor y más incompresible que la anterior. Pero aún más extraordinaria es la capacidad que tiene el “gestor de ciencia” de explicar y dar sentido a todas las medidas que debe aplicar cada día. Lo increíble es que, una vez sumido en la red, todo va cobrando sentido y sólo poquísimas veces recuerdan que, en una vida anterior, eran personas con una óptica común. Todo esto lo digo por pura experiencia propia, no penséis que voy de científico sabiondo que levita sobre la burocracia. No queridos, pero una vez fui normal. Por aquel entonces me percataba de las extravagancias exigidas para comprar un mísero reactivo de laboratorio, necesario para un experimento. Ya hoy estoy abducido, más de una vez me he descubierto explicando mil sin sentidos desde una lógica extrasensorial. A veces he justificado el despropósito y hasta intentado implementarlo. Mas de pronto he dicho basta. Hay otro mundo posible, donde las leyes y las medidas tengan por base el sentido común. Amigos gestores de ciencia, se puede, se puede dejar de buscar el mínimo detalle en una medida para despedir a un investigador que ha ganado una convocatoria de recursos humanos. He descubierto que se puede dejar de interpretar los extremos que nos inducen a prohibir la compra de reactivos necesarios para un proyecto de investigación… recordad que en uno de esos experimentos podrá salir la cura para una enfermedad que puedes padecer en el futuro. Pero, por encima de todo, vuelve a ser persona pensante, deja de hacerle el juego a quienes aún viven con la vista nublada… se puede, inténtalo. 
Os quiero, 
Ed.

viernes, 26 de abril de 2019

Viernes... para ti, español.

Hola a tod@s! 
En inglés existe una expresión que define con exactitud cuando alguien no sé percata de algo que disfruta… lo da por hecho. Probablemente quienes me lean, no sé cuántos lo hacen, encuentren un equivalente exacto en nuestra lengua. Yo no lo tengo en mente ahora. La cuestión está en dar por sentado algunos derechos, incluso todos, y actuar como si nunca pudieran desaparecer. Sin embargo, no es así. Quienes han tenido que dejar atrás sueños, familias y raíces por ganar algo tan inmaterial como son los derechos entienden de lo que hablo. A los otros, sólo os pido que abandonéis, por unos minutos, vuestra seguridad y ocupéis, también por unos minutos, la incómoda silla de quien no posee uno o dos de los derechos que tenéis. 
En unas horas, a penas dos días, estaremos votando. Un acto maravilloso donde cada ciudadano de este país podrá escoger, en libertad, el tipo de España que amanecerá el lunes 29. Un derecho que, por ejemplo, yo no tuve durante una dilatada parte de mi vida y hoy, gracias a mi nacionalidad adquirida, tengo. Sin embargo, este acto tan simple y rotundo podría peligrar. No son pocos los que piensan que el hecho de no haber nacido en suelos de la Madre Patria me hace menos español. De nada sirve saberme de memoria los poemas de Lorca y poder discutir sobre la Constitución con la propiedad que aporta haberla estudiado. No tienen peso las dos décadas dedicadas a la Ciencia en este país hermoso que me abrió sus brazos a finales del siglos pasado… no eres español nacido y crecido en España, no eres igual. Faltó decir: eres de segunda. Quizá muchos penséis que es una ficción, un diálogo inventado para este Viernes puntual. Desafortunadamente, no es así. Nunca diré sus nombres pero han sido dos conversaciones con dos personas que considero inteligentes, solidarias, cercanas y amigas… ahí lo dejo, reflexionad. 
Una vez abandoné todo, en palabras de una amiga “lo dejé todo que no era mucho, pero era lo que tenía” para ser yo. Ese “yo” que durante años tuvo que esperar para realmente “ser”. Vengo de un sitio donde votar libremente es un privilegio no concedido, donde nunca pude ir de manos por la calle con mi pareja, varón igual que yo. Allí tuve que simular otro Eduardo para lograr estudiar, sin sobresaltos, lo que quería. En mi isla metafórica, Cuba para los despistados, tenía que forrar los libros prohibidos para poder leerlos sin ser señalado, conteníamos lágrimas y emociones cuando alguien partía “por unos meses” a un lugar lejano del que nunca regresaría pero simulábamos que aquello no ocurriría. Fueron muchos los años desconectando mi cuerpo de mi mente y viceversa, repitiéndome una y otra vez: “seré yo, después” mientras cantaba el himno nacional e izaba una bandera. Hoy tengo muchas cosas pero sobre todo tengo derechos, muchos de ellos ni siquiera os percatáis de su existencia, nacisteis con ellos puestos, no tuvisteis que abandonar, simular, olvidar, asumir y luchar para tenerlos… pero esto, puede cambiar. Y no valdrá un “yo voto en blanco o no voto porque nadie me representa”, tampoco valdrá un “soy apolítico”… luego las consecuencias son para todos, incluyéndote a ti. Votar, además, es un acto responsable que debemos meditar. Hacerlo con rabia y despecho se aleja de cualquier recomendación. Existe el cerebro, exprímelo y piensa qué tipo de país generarías si tu voto fuera el de todos, qué opciones de gobierno se pueden dar con tu elección. No me considero a la altura de recomendar ningún partido… yo sólo soy uno más de aquellos que muchos consideran de segunda. Pero sí creo necesario decirte que votes y no dejes el sobre vacío. No creas que por ser frecuente y estar en la zona alta de la pirámide social los demás no importamos. Piensa que en algún momento, en un resquicio, en una característica y en algún lugar te puedes volver infrecuente, entonces, adorarías tener ese derecho que hoy das “for granted”. 
Os quiero, 
Ed.

sábado, 6 de abril de 2019

Viernes... inesperado

Hola a tod@s!
Hay ocasiones que las casualidades se pintan demasiado maduras como para creerlas, muy a pesar de mi ya conocido ateísmo. El viernes amanecí con un texto denso y bronco en la cabeza, sólo necesitaría unos minutos para transformarlo en palabras legibles y subirlo a la red. Mi Viernes versaría sobre algo en lo que había estado pensando toda la semana, tendría tintes de humor y un par de palabras cultas… pero los días, a veces, tienen otro plan. 
A primera hora tenía una visita peculiar en mi instituto, el IdiPAZ para los que no me conocen. Se trata de una pequeña que apenas sobrepasa la década de vida y quiere ser científica. Su madre, amiga de amigos, me rogó que la recibiera y aquello no pudo ser más inspirador. Con puntualidad casi inglesa llegó una personita de carita inocente que llamaremos Alba aunque ese no es su nombre. En cada gesto rompía su timidez innata para intentar quedarse con el detalle de lo que le comentaba. Sus ojos, grandes, devoraban cada palabra que pronunciaba… aquello me emocionó. Probablemente recordé a cierta persona en su niñez. Minutos después de su partida, y mientras me preparaba para ir al seminario semanal, un mensaje de voz trastocó la rutina. Alguien cercano me contaba que su sobrino, aún sin llegar a la primera década de vida, tendrá que ser intervenido para extirparle un tumor sólido… “el cáncer infantil no debería existir” dice constantemente mi amigo Antonio. Respondí aquel mensaje con mezcla de contención y ciencia en el ascensor, llegaba tarde al seminario de Patrick. El aula estaba casi llena, yo suelo sentarme en primera fila y logré sitio. Antonio, el oncopediatra que menciono en mi libro, el mismo que tiene el propósito de acabar con el cáncer en el amanecer de las vidas, estaba presentando a Patrick, un alemán nacido en Tanzania que dice hacer ciencia porque es su hobby. Fueron treinta minutos de datos alucinantes, la pantalla se llenó de esperanza para niños con tumores sólidos que hoy no son tratados con éxito… queda mucho por hacer, pero Patrick ha encontrado una ventana, la ha abierto y comienza a entrar luz. No pude irme a comer con él y Antonio, pero la noche que en principio iba a ser de serie, sofá y poco más, se llenó de sushi, tallarines, vino y estrategias experimentales para engañar a los tumores.
Nos dieron casi las dos de la madrugada, allí estábamos Antonio, su esposa, Patrick, mi Ismael y yo mezclando anécdotas con datos, mirando al futuro.
La vida a veces tiene un plan que te hace cambiar tu Viernes… 
Os quiero, 
Ed.

viernes, 29 de marzo de 2019

Viernes de tronos y juegos

Hola a tod@s! 
Dicen que un cambio de tercio, un salto de cuerda… siempre es recomendable. Es entonces que decido empezar a ver Juego de Tronos. Ya terminé la primera temporada y estoy impactado. Realmente no puedo entender cómo el planeta ha devenido fan de una historia llena de sangre, mutilaciones e intrigas. Algo que sólo destaca el lado oscuro y horrible del ser humano. La quise ver porque amigos a quienes respeto y admiro la recomiendan, porque hordas de personas repartidas sobre toda la Tierra la veneran y harto estaba de no saber nada sobre la historia que casi todos comentan. Ahora pienso que como especie estamos muy jodidos si tanta violencia, crueldad y maldad enamora a cultos e ignaros. No me creo un ser moralmente superior, tal y como alguien ha intentado calificarme en las redes, mas esto me lleva a pensar en los vericuetos de la mente humana. Los mismos que nos hacen caer rendidos ante semejante barbarie y, como si no fuera poco, elevarla a la condición de imprescindible. Abrir un debate civilizado sobre el tema fue mi intención primera. Luego me percaté que mostrar la debilidad sentida por el íntimo deseo de aplastar al prójimo es algo que no gusta… vamos que terminaría machacado en el intento. De cualquier manera, si oteamos el horizonte no hay otra cosa que Juegos y pocos Tronos por conquistar. En todas partes he comenzado a oler ese tufo que llaman estrategia para ganar, o quizá sea más exacto decir para hacer fracasar al contrario. Como ejemplo, un botón. En España estamos inmersos en una campaña electoral absolutamente montada en el descrédito del adversario. Pocos son los segundos invertidos en hablar de programas y muchas son las horas dedicadas a empuñar el arma. Si vamos a juegos menores y pequeños tronitos el panorama no cambia… y de esto tengo para escribir cinco libros, algo que probablemente decida hacer en el futuro. Pero no me quiero apartar del motivo primero de este Viernes atípico. ¿Seguiré viendo la serie? No lo sé. Si cada minuto malgastado en lo macabro lo convirtiéramos en medio segundo de bondad, probablemente rebosaríamos felicidad. Por ello, seguiré escudriñando a mi alrededor, investigando todo lo que pueda y escribiendo más y, ojalá, mejor. 
Os quiero, 
Ed. 

PD: Gracias a todos los que habéis comprado mi libro… hoy sigue estando en el número uno entre los más vendidos en Amazon y solicitado en las librerías. 

sábado, 23 de marzo de 2019

Viernes... un libro, un artículo, una película, una vuelta.

Hola a tod@s! 
Nunca entendí del todo aquello que describen como crisis creativa. Para mí siempre ha estado lejos ese momento en que la obra terminada te desinfla, te hace vulnerable. Hasta hoy, mis creaciones eran artículos científicos llenos de datos que seguían evolucionando entre las pipetas del laboratorio. Ocasionalmente, de mi ordenador salían letras divulgativas con la corta vida que otorgan las redes. Cuanto mucho, alguna columna de opinión algo más longeva o un desabrido poema que vive en el whatsapp de un ser querido. Pero el panorama ha cambiado… ayer me paseé, con todo propósito, por las grandes librerías del centro madrileño y allí estaba mi primer libro. 
Llegar a la FNAC, ese templo tantas veces visitado, y encontrar, entre las recomendaciones, las letras que has parido… no sé, llamadme tonto, imbécil o engreído, pero es emocionante. Mas esto ha traído otras cosas, una especie de vacío difícil de llenar y mil preguntas que me hacen reflexionar. Al publicar un artículo científico sus datos están avalados por todo un laboratorio, ha sido revisado por otros científicos independientes y las cuestiones a resolver se vuelven proyectos de futuro… un libro, es diferente. He tenido noches en las que me despierto con el agobio de una coma fuera de lugar o interrumpiendo conversaciones con potenciales lectores que no comprenden un capítulo del libro. Han pasado días en los que vagaba, cual zombi abandonado por la humanidad, y mis amigas, Paloma y Ana, evaluaban en silencio mi cara de héroe romántico sacado de una novela de Proust. Ha sido una suerte que el laboratorio seguía bullendo con “inmunocheckpoints” que se activan durante la sepsis o desactivan las defensas contra tumores. Allí todo ha continuado con ritmo trepidante, sorteando las “normas” que nos bloquean tal y como denuncié en un artículo, ya muerto, publicado por El Mundo. “La insoportable gravedad de investigar” fue el título que escogí para describir la idiotez cotidiana a la que nos somete la administración a quienes queremos buscar soluciones contra el cáncer, por ejemplo (https://www.elmundo.es/opinion/2019/03/15/5c8a727721efa01a408b4662.html). La columna de opinión me propició una interacción virtual y física con el actual Ministro de Ciencia pero el problema aún no tiene visos de solución en el horizonte. La experiencia me dice que es enormemente fácil imponer estupideces pero extremadamente difícil deshacerlas. Mientras tanto, es decir, mientras yo deambulaba, el libro se colocaba en las estanterías, los primeros lectores subían fotos a la red y mis colaboradores seguían moviendo pipetas… España, mi España, se sumerge en campañas agresivas donde cada partido poco habla de su libro pero se especializa en criticar a los demás. Mas a esto estamos acostumbrado, lo que se ha salido del tiesto es la irrupción de viajeros temporales. En la escena política aparecen personas que han sido sustraídas de sus siglos, vestidos con ropas actuales y, luego de un curso acelerado sobre nuevas tecnologías, se están dedicando a vociferar sus arcaicas ideas, barnizadas con ungüentos de modernidad, en redes y medios. ¿Armas para “españoles de bien”? ¿Reformas para homosexuales? ¿Matrimonios sólo para parejas formadas por hombres y mujeres? ¿Protección para la familia tradicional? Un americano diría: “really?” Pero ahí están, venidos desde sus tiempos lejanos y decididos a re-implantar conceptos superados y, quizá, hasta poner en duda la esfericidad del planeta… porque lo de la evolución de las especies, de eso ni hablar. Cuidado, recordemos que la máxima antes mencionada dice: “es enormemente fácil imponer estupideces pero extremadamente difícil deshacerlas”. Mas no todo es gris. Ha sido una suerte que Almodóvar estrenara película, los viajeros del tiempo creo que están haciendo conjuros para borrarla de las carteleras.
“Dolor y Gloria” es una poesía visual cocida a fuego lento para paladares exigentes. Y recomendando el preciosismo colorido del manchego universal quiero despedir este Viernes-primero luego de mucha ausencia, debida, en parte y todo, a esa especie de depresión post-creativa que he padecido cuando el punto final apareció en mi libro.
Os quiero, 
Ed.