Va
terminando un jueves que pronto se volverá fin de semana y por fin logro un
Viernes puntual. El estigma latino me persigue pero de vez en cuando, sólo de
vez en cuando, logro sacudirme ese polvo del traje y paso por europeo puntual.
¿Cuánto me durará? Quien sabe, seguro que poco… Culmina un día en el que
aprendo, de nuevo, que no valen las buenas intenciones si estas no se entienden
o simplemente no se desean. Unas horas que vuelven a decirme que la
tranquilidad es también madre de la sabiduría, cosa que alguien recién-llegada
a mi vida me ha mostrado
sin el menor de los aspavientos. Agradecido
infinitamente cambio de cuerda y os cuento que luego de Freiburg vino Suiza con
su Zúrich alborotado y sus montes que ahora son verdes. Allí, con Any y mi
preciosa ahijada, pasé un par de días rebosantes de recuerdos, anécdotas de
entonces y cuentos de hoy. También estuvo Javi, el físico que una vez, hace ya
mucho más que una década, vino a Madrid a darme el empujón necesario para
dejarme de tonterías y asumir lo que gritaba mi interior. Con ellos me fui
Lucerna, ciudad perfecta, como todo por allí, y lejana para mí. De ellos fui
destilando y comprobando las cosas que me alucinan de esa sociedad
extraterrestre que vive entre los Alpes y funciona como un reloj construido en
sus predios. Suiza no parece humana. Ese pueblo pobre de antaño ha devenido
rica democracia gestionando su futuro con mano precisa. Criticable ha sido, es
y será su benevolencia con el dinero que salvaguarda. Tema de mil polémicas y más
controversias. Mucho se ha dicho, se dice y se dirá de su tolerancia,
imparcialidad y neutralidad. Sin embargo, pocos bytes se le han dedicado a su
increíble forma de gobierno de donde se ha desterrado el peligroso bipartidismo
y la dañina mayoría absoluta, o a su democracia total cuando se trata de
decidir hasta los mínimos detalles. A los suizos se les preguntó si debían
tener más vacaciones y dijeron que no. Otro día se votó la implantación de impuestos
(el iva) y dijeron que sí. ¿No es acaso esto un ejemplo de conciencia social
que va más allá del interés personal y el disfrute inmediato? Creo que sí, y
mucho debemos aprender de ellos el resto del planeta. Pero no todo es rosa, no
podemos olvidar que para que esa fracción ínfima de humanidad pueda gestionar
su existencia idílica otros han de andar justos por la vida. Y es aquí donde la
duda vuelve aflorar, justo cuando la perfección me empieza a oler a queso
rancio. Otro tanto me está sucediendo con Francia, país de derechos y más
derechos que hoy salta a la calle para decapitar un derecho. Impensable,
inimaginable y otros muchos “in” lo que allí está sucediendo. ¿Dónde está el
peligro cuando dos personas del mismo sexo deciden casarse? ¿Por qué es
terrorífico que dos homosexuales adopten un niñ@? Me diréis que no es toda la
sociedad francesa la que está en contra, y tenéis razón. Pero en la masa
protestante hay una representación significativa del país. Es entonces cuando
pienso en el lugar donde vivo, imperfecto, con corrupción política y corona
tambaleante. Cuánto nos queda por hacer, cuánto hay que cambiar y mejorar. Pero
entre tanto mal, este país que critico porque siento mío, ha logrado incorporar
a la cotidianidad aquello que por no ser frecuente no deja de ser normal.
Ed.
PD:
Felicidades a los cumpleañeros.





