sábado, 18 de mayo de 2013

Viernes de dos sitios...


Hola a tod@s!
Con un jet lag de largo alcance ya estoy en Madrid, pero antes pasé un fin de semana realmente delicioso en un NY lleno de recuerdos y de amigos para recordar. Mucho tiempo había pasado desde la última vez que estuve en la City. Era el comienzo del siglo y aún bajo la mirada de las torres gemelas, Nelson, Lissette y servidor paseábamos a una pequeñísima Lucía mientras hablábamos de un futuro que ya llegó. Mucho ha cambiado el mundo desde entonces, aquella pequeña ha devenido mujer, Nelson es todo un pedagogo y Lissette, con un doctorado en Columbia bajo el brazo, se dispone a dirigir su propio grupo. Pero algo sigue intacto, y es esa complicidad de amigos que el tiempo y la distancia no pueden destruir. Con ellos reconocí una ciudad que siempre he sentido cercana y mía. Allí asistí a una obra de teatro en un College de integración social que me dejó impactado por su nivel en muchos sentidos. Nuevamente comprobé la capacidad del americano para hablar en público sin que la vergüenza acuda para inhibirlos. Paseé por zonas nuevas donde la integración sigue siendo el lema a cumplir; dando el mejor ejemplo High line, otrora sitio horrible, se ha convertido en un paseo Zen que aleja el estrés de una ciudad convulsa sin rechazar su esencia. Pero hay más, otra vez me quedé mudo frente a un Gerry que se supera así mismo y logra trasladar la plasticidad al vidrio para crear un edificio, muy Guggenheim, todo trasparente. También conocí al mago de las formas en el museo de Brooklyn, alguien que lleva por nombre Anatsui y es capaz de crear y recrear con la basura que el mundo genera. Frente a su obra, una vez más, comprendí que los muros son movibles y, muchas veces, transparentes. Paseos, conversaciones, recuerdos y visiones de lo que vendrá llenaron unas 48 horas que colmaron mis pulmones de fino oxígeno. Una cena exquisita preparada por Lissette con la complicidad de otro amigo que por allá pernota, Yoel, y la compañía de quienes antes y ahora arropan mi existencia. Y para el final, otro paseo por el Bronx, ese barrio que combina al negro con el latino, al gay exquisito con la madre de familia numerosa, el mismo que antes horrorizaba y hoy se mira con perspectivas futuras. Entonces un avión de American Airlines me acercó a Madrid, me plantó en la crisis. Abrí los ojos a la noticias que hablan de un banquero que durmió en la cárcel, de una televisión pública que invita a revisar el vestido para no provocar, de un ministro de justicia empeñado en abortar la libertad y el sentido común. Una España, siempre linda, pero que echa a sus mejores hijos y se queda con las corbatas de guante blanco. Y fui nuevamente al Real para el estreno de un Don Pascual correcto pero sin sabor y escuché los aplausos de un público rancio que vive en el siglo XIX y… y…, y me pregunto por qué sigo aquí. Entonces quedé a comer con unos amigos con los que vamos creando la tradición de vernos una vez al mes, Ana y Cristóbal, y conversamos y bromeamos y proyectamos. Me percato que aquí vivo, que aquí tengo mi vida, que de aquí no tengo que irme. Ya una vez abandoné un barco hundiéndose, allá por la Isla de la metáforas, no debo repetir la historia… el mundo está lleno de energía potencial, sólo falta convertirla en cinética.
Os quiero,
Ed.

jueves, 9 de mayo de 2013

Viernes en Hawaii...


Hola a tod@s!
Luego de algo más de treinta horas de viaje, un sinnúmero de husos horarios y un frío atroz en el aeropuerto de Los Angeles… estoy en Honolulu. Realmente no soy consciente de cuán lejos me encuentro de cualquier otra parte del planeta. Es lo que tiene viajar en medios rápidos, por aquello de que el alma va con retraso no interiorizamos las distancias ni los cambios. Por aquí andamos, sin saber muy bien de que va este complejo de islas perdidas en el Pacífico y con la plena seguridad de que me marcharé de ellas sin tener idea de lo que realmente se cuece entre sus volcanes.
Hasta Hawaii me trajo un congreso de inmunología, el que anualmente convoca la Sociedad Americana a la que pertenezco desde hace unos años. Un evento muy bien organizado donde me han compactado las cosas que me interesan de tal manera que he tenido suficiente tiempo para vacacionar. Hablar de ciencia a los niveles que hemos visto aquí seguramente es aburrido, para los más entendidos sólo decir que tuve la oportunidad de escuchar en directo y luego charlar con Medzhitov, el bioquímico ruso devenido inmunólogo de Yale. Para el resto, también puedo decir que justo ayer me encontré en el agua a uno de los actores de Sex and the City. Así todo, mientras, el organismo trata de adaptarse a un desfase de 12 horas, aunque los amaneceres, la playa y los ocasos ayudan. Cosas curiosas me han sucedido, como cuando paseando por el downtown de la ciudad me percaté que no llevaba el mapa ni la guía-inútil que compré en Madrid… con un sol abrumador y algo de cabreo pregunté a una nativa si existía alguna oficina de turismo cerca, entonces me indicó que entrara a un sitio donde quizá me podrían ayudar. Me dirigí al lugar, especie de despacho escolar donde se lleva la “contabilidad” de la asistencia de los alumnos y cosas por el estilo, con la plena seguridad de estar en el sitio incorrecto. Una vez dentro expuse mi razón y aquella señora de años vividos resultó ser una enamorada de Madrid, ciudad en la que vivió la movida, lugar donde alquiló un piso en la calle Ibiza, sitio que añora a pesar de que sus recuerdos se visualizan en blanco y negro. En fin, que las sorpresas siempre están al doblar una esquina o al entrar en una oficina. Gracias a ella no perdí mi tarde y visité las cosas importantes del sitio.
Amén de las playas, sorprendentemente calientes, algo me ha llamado la atención de este lugar y es la ausencia, casi sospechosa, de un movimiento social visible. Por ninguna parte se ven vestigios de una protesta, ni de una inconformidad. En la universidad no existen graffittis, ni carteles. Hay que decir que hace un siglo los EEUU "tomaron" por la fuerza al reino de Hawaii, depusieron a su reina y en el transcurso de unos pocos años anexaron el país. Según internet existe un movimiento independentista en la isla, pero yo no he visto ningún atisbo de inconformidad. Parecen estar contentos con su estatus y muestran serenidad a todas horas. Otra cosa evidente es el sobrepeso de una gran parte de la población, algo que no me extraña. Entre el poco estrés al que están sometidos y la alimentación hipercalórica, lo extraño es que no rueden. Pero yo, realmente, he desconectado… “he bajado el katao”, con el cable a tierra y nada de tensión. Entonces os cuento que exploré el arrecife en un submarino y pude comprobar aquello de que uno se vuelve azul cuando tienes un montón de metros de agua sobre la cabeza, también estuve en Pearl Harbor y entré en un submarino de guerra para comprobar que vivir allí dentro era algo difícil. Me hice una foto con la bandera americana en plan “nacido el 4 de julio” y la subí a Facebook para recibir críticas varias y diversas… a las  que he respondido con un: “Luego de librarte de una dictadura queda la difícil labor de despojarte de la que llevas por dentro”. Salí de Cuba para ser todo lo libre que pueda y eso incluye hacerme una foto con la bandera que me apetezca. Comprobé que la gente de por aquí lleva la danza en la sangre; los ballets de occidente deberían prestar más atención a los movimientos y el trabajo de piernas que se pueden ver por estos lares. También constaté que la virilidad del polinesio no está reñida con las flores y la delicadeza que engendra fraternidad.
De cualquier manera, me quedo con algo de Hawaii, algo que me transportó por un segundo a una juventud, un mar lejano, un sol caliente, un momento de sueños… Resulta que un día, luego de bañarme en la playa, busqué un sitio donde ver la puesta de sol… allí, junto a otros tantos fui testigo de ese momento mágico en el que el astro desaparece y, probablemente, el agua hierve por habérselo tragado. Entonces me vino a la mente cuando hacía lo mismo en 12 y Malecón, en aquella Habana donde soñaba con cambios, laboratorios, películas, viajes y libros prohibidos. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Mucho, pero nunca será suficiente para olvidarlo.
Os quiero (aloha!),
Ed.




domingo, 28 de abril de 2013

Viernes... de una voz necesaria

Hola a tod@s!
Este Viernes-tardío podría empezar comentando el disparate de clima que tenemos por España, donde andamos sobre la nieve con ropa de verano por aquello de haber hecho el cambio de ropero. También valdría despotricar contra Gallardón, aquel que cubría su verdad con frases progres y gestos de izquierda. El mismo que hoy, ministro de justica, se cubre de gloria, primero con la intención de eliminar el derecho al aborto y luego amenazando con quitarnos la nacionalidad a los inmigrantes que protestemos. ¿Qué se ha pensado semejante imbécil con gafas? O quizá valdría la pena hacer una recomendación firme, y escribir un par de cuartillas a favor de un “Esperando a Godot” que el Centro Dramático Nacional ha tenido a bien subir a sus tablas para hacernos reflexionar sobre lo absurdo que nos es inherente. Incluso como arranque del texto no desluciría un comentario sobre “On the road” la película que ha vestido de largo a Kristen Stewart mientras nos hace recordar la generación beat sin Ginsberg. Sin embargo, creo que dedicaré este Viernes a una voz necesaria para el hoy de aquí y allá. 
Resulta que hace algún tiempo en las Isla de las Metáforas (eyyy nuevos, estoy hablando de Cuba), apareció un molesto grano para el sistema. Este punto negro en forma de blog comenzó a crecer hacia fuera y los cubanos de ese allá que resulta tan disperso lo hicieron global. El blog se hizo llamar “Generación Y”, haciendo referencia a esos nombres simpáticos que llenaban las aulas setenteras de toda la isla… locura para los profesores que en ocasiones no sabían si Yoandri era niño o niña, por no hablar de Yonelis, Yanetzi, Yhosvany, Yodol o Yuritsi. Yoani Sánchez, su creadora, era una filóloga devenida tecnóloga de la información y, fundamentalmente, eco de todo aquello que allí acontecía. A pocos y con la ayuda de eso que nadie puede detener, internet, la voz no-oficial elevó el volumen y se hizo escuchar nítidamente. Unos cuantos años han pasado y hoy “Generación Y” ya es un fenómeno planetario, mientras tanto, su gestora es aplaudida o abucheada en dependencia del credo. Lo cierto es que Yoani ha estado en Madrid y pude escucharla mirándole los ojos. La verdad es que su voz es necesaria, no sólo para Cuba, sino también para este mundo engreído que habitamos. Si, engreído, no he dicho mal. Engreído y lleno de engreídos. Porque hoy tod@s nos pensamos en posesión de la verdad, el de derecha piensa que el de izquierda se equivoca, el de izquierda no escucha lo que se habla a su diestra. ¿Dónde está la cordura? Por ello quedé prendado de esta minúscula gran mujer que se define como transversal y sólo pone sobre la mesa los datos irrefutables que son base de su lucha. Yoani quiere la libertad de expresión en Cuba, quiere borrar “las metáforas” oficiales de la “isla”, aboga por una comunicación entre todos los cubanos, los de dentro y los de fuera, no quiere manos dadas para una foto y sí discusión para acercar posiciones entre todos los nacidos en aquel sitio… “con la maldición del agua por todas partes”.¿Qué hay de malo en ello? Nada. Sin embargo, aquí  el ala más radical de la izquierda la ha sepultado, le ha negado la palabra y me pregunto: ¿Si alguien se abre a ti la respuesta es cerrarte? Hubo quien dijo  que izquierda unida (hoy así, en minúsculas) no comulgaba con una pro-imperialista. Yo recuerdo cuando Llamazares (entonces líder de ese partido) dijo frente a una cámara de televisión que “Cuba era la mayor democracia que había en el mundo”. Por eso, yo y otro par de millones de cubanos estamos fuera de la isla. ¿Quién es más imperialista?... Más críticas llovieron cuando aparecieron en los periódicos fotos de Yoani con representantes de UPyD y el PP. Es cierto, esos partidos y también el PSOE la invitaron a dialogar. ¿Por qué decir no? Si se diera el caso, algo muy improbable, y Gallardón, el mismo que llamé “imbécil con gafas”, me invitara a dialogar allí estaría con mis argumentos e ideas, pero sobre todo, con mis mejores intenciones para acercar posiciones y sacar provecho del debate. Apelar al intelecto y la fuerza de las palabras es, quizá, lo que nos pueda salvar del despropósito que vivimos. Esto, justamente, es la filosofía motora de Yoani, la misma que cuando le pregunté si quería ser presidente de una Cuba futura me dijo que su papel era la de una periodista con ojo crítico… “me falta cinismo”. La misma que ha advertido que se “convertirá en la primera balsera en dirección contraria” si el gobierno de Cuba le niega la entrada a su país. La mismísima con quien comparto que “la sanidad y la educación no pueden ser moneda de cambio para perder libertad”. Pero principalmente, esa que nunca pierde la ecuanimidad, ni la esperanza de que su Teo viva en libertad.
Sé que este Viernes no será bien recibido por muchos, sólo os pido una reflexión por el supuesto contrario. Al final no es bueno ser ni de izquierda ni de derechas, lo esencial es tomar lo mejor de cada lado y caminar hacia delante.
Os quiero,
Ed.
PD: Lilo… ya empieza otra etapa. Yoss contigo tengo que conversar. Ro-He felicidades por la plaza. Mónica… en Madrid hay sitio para todos, bienvenida. 

viernes, 19 de abril de 2013

Viernes "color de verano"...

Hola a tod@s!
Siento decir que no me gusta el verano, mientras el resto de la población experimenta una alegría desmedida yo sufro lo indecible. Si, lo siento, no me gusta el verano y tengo justificación. Como prolegómeno me vino un trancazo que me dejó knockout durante siete días. Así estuve sin poder mover un dedo ni hacer que las neuronas hicieran una ínfima sinapsis. Luego de sudar varias veces la fiebre, viene el verano y con él el asma. Esa sensación de que te ahogas hagas lo que hagas… en fin muy agradable. Pero todo no queda aquí. Empieza el verano y los locales les da por emular el ártico poniendo los aires acondicionado a tope. Entonces al entrar al metro, al laboratorio, a la cafetería… tengo la sensación de que los pulmones buscan una mínima expresión espacial. En otras palabras, me ahogo más. Lo único que añoro es tomar cosas calientes: caldos, té “extra hot and so on”. Y junto a ello viene la mirada atónita del camarero de turno cuando le pido: “un té lo más caliente posible”. En fin… y no es que no trate de contagiarme con el florecer del resto del planeta, no, yo lo intento con todas mis fuerzas. Ayer por ejemplo me puse los patines y me fui al Retiro a patinar casi dos horas. Genial, durante ese tiempo sólo tuve que utilizar el inhalador tres veces. Pero cambiemos de tema. Han pasado dos semanas y casi nos quedamos sin personajes célebres. En un par de días se nos fue la Violetera de mi infancia, la dama de hierro de mi juventud y el escritor de siempre. Realmente sentí la muerte de Sara Montiel. Sentí que las nuevas generaciones la conocen como una señora medio decrépita que tenía líos falderos con un cubano más joven que ella. Sara fue una grande que se hizo a sí misma y logró lo impensable con un talento natural poco común. Es fácil criticarla pero difícil llegar a su altura. Por su parte, la Thatcher es otra cosa. Fue admirable su empuje pero no sus acciones. Un amigo, inconsciente él, publicó en Facebook que su pérdida si era sentida. Habría que preguntarle a los que limitó, a quienes tuvieron que esconder su homosexualidad, a quienes les quitó mil y una prestación. Desde luego, esta señora nunca fue mi favorita aunque me pueda encantar ese tesón que la hizo emerger desde el subsuelo. Y al final nos enteramos que Sampedro también se había ido. Triste noticia. Él fue un lúcido en todo momento, un renacentista de los que no quedan. Mientras tanto en Venezuela Maduro perpetua el chavismo, quizá habrá que llamarlo neo-chavismo. Con tongo o sin él, lo cierto es que algo ha cambiado en aquel país. La mitad de la población quiere un cambio y eso es considerable. En Capriles no he visto un gran líder pero en Maduro no veo un presidente. El modelo impuesto en Venezuela puede que dé un balón de oxígeno a los más favorecido pero, a cambio, les hipoteca la libertad de expresión entre otros pagos. Eso ya me lo conozco y no es bueno. Pero las noticias, casi todas malas, no dejan de asombrar. Con horas de diferencia, en Boston estallan dos bombas en medio de una maratón, luego en Texas explota una fábrica de fertilizantes y más tarde un policía es abatido en el campus del MIT. Algo se me removió cuando supe lo de Boston. Tengo magníficos recuerdos de esa ciudad. Muchos fueron los fines de semana que pasé allí cuando vivía en Providence. En mi memoria la tengo como un sitio pacífico, tranquilo y agradable. Fue curioso como, inmediatamente, muchas conocidos dijeron que ese mismo día habían muerto más personas en Irak. Creo que es cruel la comparación y prefiero dejarlo aquí. Volviendo a la madre patria, seguimos con las telenovelas habituales: Bárcenas se desencadena, La infanta se hunde y El duque se traslada. Si, por increíble que parezca el duquesito que está destruyendo la monarquía y, “aparentemente”, ha robado a diestra y siniestra tiene un puesto de entrenador en Qatar por el que le pagarán casi un millón al año. Son maneras de entender la justicia que no me acaban de cuadrar. Y la sazón esto cada día se me parece más mi Cuba de los noventa, resulta que en el teatro han florecido los peores textos jamás escrito con el gancho de hablar mal de tod@s y en busca de ese aplauso fácil. Por suerte, aún quedan reductos y uno de ellos ha sido la Compañía Nacional de Danza que se viste definitivamente de largo estrenando una versión de Romeo y Julieta realmente fantástica. Parafraseando al poeta, podrán cortar todas las flores pero será difícil detener la primavera… y mi asma. 

Os quiero,
Ed.
PD: Si alguien quiere leer lo que escribí sobre el Romeo y Julieta que vi en el Teatro Real aquí os dejo el link http://www.ociogay.com/2013/04/17/la-cnd-de-martinez-despega-gracias-al-brillante-romeo-y-julieta-de-goyo-montero/

sábado, 6 de abril de 2013

Viernes...

Hola a tod@s!
Está semana, como todos por aquí, me he estado quejando de la disparidad del tiempo y otras singularidades regulares. ¿Qué estas dos palabras no conjugan? ¿Y qué? En un país donde el gobierno dice que imputar a una infanta afecta la marca España, y que los que aplican la leyes se esmeran en echar sombras sobre la evidencia, creo que me puedo permitir regularizar una singularidad. Recuerdo una vez que le pedí a un abogado del estado que, a manera de favor personal y sin implicaciones de ningún tipo, me revisara un contrato de trabajo que podía, o no, firmar. Vamos que estaba diciendo: “échale un vistazo a este escrito por si se me escapa algo”. La respuesta fue rotunda: “NO, un abogado del estado no puede hacer eso porque si un día ese contrato llega a ser público y se sabe que fuiste aconsejado por… entonces…”¿Entendible? Seguro que tienen prohibido hasta mirar el contrato de alquiler de su pareja. Y me parece una soberana estupidez, fundamentalmente porque luego son capaces de borrar lo tangible y elevar a verdad lo falso. Acaso no es axiomático que Bárcenas es un capullo estafador, que la infanta estaba al tanto de todo lo que pasaba con su marido, que la Mato conocía de donde llegaban los billetes “and so on”. Entonces la conclusión es: las leyes y sus interpretaciones han sido creadas para emborronar la realidad al antojo del más fuerte, en la mayoría de los casos. Y mejor dejamos el tema que para un día medio soleado que tenemos no seré yo quien lo vuelva gris. Prefiero seguir contándoles que estuve dos días con mis amigos de Valencia A&A, los mismos que hace casi dos décadas me abrieron sus brazos cuando llegué a Madrid. Allí todo fluyó como siempre, mientras paseamos por aquella preciosa ciudad hablamos de cuando uno de ellos asistió a la lectura de una obra de teatro no publicada de Virgilio en la complicada Habana de los 70. También de aquel número especial de Revolución y Cultura a raíz de “El recurso del Método” de Carpentier, de sus charlas con Dulce María Loynaz y todo ello entre plátanos maduros fritos y otras delicias culinarias. Fueron algo menos de 48 horas de “Viaje a la semilla” y vuelta a los “Orígenes” (guiño para algun@s) que agradecí. De regreso a Madrid todo ha sido un zafarrancho de combate: proyectos por perfilar, papers por corregir, negociaciones que mediar, una charla que dar, ciencia por hacer y entre todo ello una entrada para ir al estreno de “Don Giovanni” en el Real. Miércoles a las 7 pm, teatro repleto, platea encorbatada y con laca hasta en las pestañas… se sube el telón y empezó el horror. La llamada ópera de las óperas ha sido re-interpretada por el ruso Dmitri Tcherniakov de la peor de las maneras posibles. Tampoco la orquesta acompañó y los cantantes, salvo alguna excepción, estuvieron en sincronía con el desastre… ¿resultado? Abucheos, gritos de desaprobación, pataleos y un largo-desagradable etcétera. Es el momento de recordar que allá, en la Cuba tercermundista, país tildado por muchos como excesivo, gritón y otras lindezas, teníamos por “mal educada” costumbre aplaudir desaforadamente cuando en escena algo lo merecía. Y, por el contrario, la desaprobación se hacía patente con un silencio sepulcral. ¿Por qué este público-real que paga hasta 300 € por una entrada, que viene de una clase alta y educada, no hace lo mismo? Yo no aplaudí, la puesta en escena me pareció desafortunada y pocas cosas llamaron mi atención, por ello mis palmas no premiaron a los artistas. Creo que es una buena manera de hacérselo saber. Pero España en muchos sentido es diferente, aquí se suele ser muy duro con el error ajeno y condescendiente con el cercano. Seguramente ya he sufrido el contagio porque aquello de que “veinte años no es nada” no es cierto. No obstante, a veces pico y lo hago fuerte. Ayer, sin ir más lejos, estaba anunciado un coloquio sobre “la actualidad y oportunidad de escribir ciencia ficción hoy”, ya lo sabéis, este género me gusta, lo siento “no body is perfect”. La cita era a las 9, corrí, corrí y hasta sudé para llegar cuando pasaba un minuto de la hora del cañonazo (otro guiño). Sin embargo, allí no estaba ni el apuntador… la cosa empezó, con calma, pero mucha calma, 45 minutos después. En fin, el mar. Y para terminar sólo una cosita más: ¿Alguien pensaba que “la niña de Rajoy” sería superada, desbancada, borrada por una tontería superior? Increíble el afán de superación venezolano… lo del pajarito de Maduro no tiene nombre. Ni el genio de García Márquez con todo un siglo de soledad palidece la imaginación “bolivariana”. 

Os quiero, 
Ed.
PD: Racmar, gracias por venir a mi charla.