"Cuidado con las carteras que viene el Papa"
Yo huí de la capital por unos días.
Os quiero,
Ed.
belga afrancesada no era otra que Marguerite Yourcenar y su criatura llevaba por nombre Adriano, o más bien unas memorias simuladas que han llenado las noches y los días de varias generaciones de lectores. "Memorias de Adriano" entra en la adultez avanzada y sigue seduciendo adolescentes y mayores. Nunca antes y nunca después una biografía en forma epistolar desdibujó, con tamaña destreza, la pluma que la concibió. La Yourcenar logró el milagro de hacerse invisible tras las palabras que un Adriano en su vejez dedicaba al joven Marco. Mientras tanto, el libro se perfilaba como un compendio de sabiduría que no se impone, pero si nos penetra con la suavidad de un concepto armónico que se desliza entre las neuronas.
mí alrededor, me dedico a poner en negro sobre blanco todos los datos que mi laboratorio ha generado en los últimos seis meses y con esto se me alegra el corazón. También leo, leo y leo y ya terminé un “tocho” con firma cubana que se llama “El hombre que amaba a los perros” que para mi gusto se alargó, pero reconozco en él un trabajo titánico de composición histórica que merece la pena ser leído. Todos los días no encontramos un escritor de la talla de Padura que nos cuente la historia de la mayor de las utopías, aquella que en aras del hombre nuevo cayó en el mismo precipicio del ser anterior. Ahora otro libro me entretiene en el metro, pero este es un hueso para ex físicos nostálgicos como yo… “Quantum” o la historia, salpicada de fórmulas, de cómo la física clásica se “cuantisó”. Una vez más entiendo por qué me metí en esto de la biología molecular y la inmunología, quise formularla y aún no lo he logrado. Pero no sólo los libros y los datos han llenado mis días, también fui al c
verlo es no pensar en el hambre que sufre el mundo.
l calor de aquellos que sincronizan. Sin embargo, por Madrid como cada verano, el tiempo se va deteniendo, la ciudad se limpia de murmullos y el espacio aumenta. Es el momento de disfrutarla, de visitar la exposición de Antonio López en el Thyssen, de buscar lo que ofrecen las escenas veraniegas o refugiarse en un cine hasta que el sol permita su paso a la luna y refresquen las temperaturas. En esta cuerda me he movido y recomiendo una película francesa que lleva por nombre “Pequeñas mentiras sin importancia”… coral en esencia, habla de mil personajes que se retuercen en sus vidas con la delicia de una buena pluma y grandes actuaciones. Siguiendo otros caminos el Teatro Real me provocó sentimientos encontrados, un ballet ruso de producción cuidada y trajes exquisitos reafirmaba el despropósito del programa de danza que sigue el coliseo madrileño. En otro momento, el montaje de “San Francisco de Asis”, la maratónica ópera de Messiaen, me dejó exhausto pero convencido de haber escuchado una creación casi divina en su profunda atonalidad. Más hacia al sur de la semana y caminando por la Gran Vía, alguien a quien quiero mucho me hizo disfrutar de otro tipo de espectáculo, también musical, pero más popular y hablo de Los Miserables y sus efectos escénicos. En fin, han sido días de cultura y sorpresas, de llamadas y conversaciones… una semana placentera que en su rapidez ha dejado alguna huella para este Viernes simple.