Hola a tod@s!
Ha pasado más de un viernes sin Viernes y es que a veces la desidia gana al desgano y la confusión de los sentimientos es algo más que el título de una novela corta de Zweig. No obstante aquí estoy, viviendo en un tiempo lleno de bacterias feroces que burlan los antibióticos y ponen en entredicho a la sanidad alemana, claro está que los germanos “superiores” no pueden ver la viga en el ojo y tuvieron que poner la paja en el pepino español. Tiempos que han teñido de azul la geografía española en unas elecciones de castigo y marcada por el movimiento 15M del que tanto se ha hablado, se habla y se hablará. Con una Italia que se ha cansado del no-caballero Berlusconi y, a poco, le quita poder. Con la misma crisis de hace un mes y sin soluciones… sólo con ver “Inside job” nos percatamos que esto no funciona, pero seguimos atados a las agencias como Moody’s. La misma que dio una “triple A” a “Lemman and Brothers” dos días antes de quebrar diciendo con esto que la fiabilidad de los brothers era máxima. Pero esto está de moda, los grandes bancos de inversión metieron la pata hasta lo último y seguimos confiando en ellos. Si una pequeña empresa se equivoca se hunde. Las grandes no…
En fin… yo crucé el mar y mucha tierra y conocí dos ciudades cinematográficas: San Francisco y Los Ángeles. Me fui a San Francisco en un combinado de vacaciones-trabajo, por una parte asistí al congreso de la Sociedad Americana de Inmunología, mientras que por otra conocí esta ciudad que tantos llaman “la preferida”. Mi primer contacto con SF fue aéreo, desde arriba muestra su mejor cara: muchos puentes, un “skyline” impresionante y bien dibujado, áreas verdes extensas, casas cuyos tejados vaticinan un lujo a lo americano y una organización urbanística que se mueve entre New York y Chicago. Luego la “cosa” cambia “a little bit”. A pie la ciudad sigue siendo bella, cuenta con una arquitectura armoniosa y sus calles nos trae sorpresas agradables. Sin ir muy lejos, en mi primer paseo y por pura casualidad tropecé con el sitio donde nació Isadora Duncan, la misma que bailó descalza en París y fue odiada por toda la danza clásica que parió Rusia. Un par de bloques más arriba, descubrí el lugar donde los “Beats” aullaron aquellos versos que le quitaron el corsé a la poesía americana y abonaron las letras del nuevo inglés. Luego admiré la organización del SF-MOMA y gocé de un Lam que preside la sala junto a Diego Rivera y Frida Kahlo. Sin embargo, algo que nadie me dijo salta a la vista, San Francisco se quedará en mi memoria como el sitio donde más personas des equilibradas he visto. No son violentos, no son latinos, ni tampoco chinos… y están locos, muestran actitudes de demencia, hablan alto, algunos piden dinero, tienen dificultades para andar y un largo etcétera. Vamos que es imposible no verlos. Lo curioso es que la ciudad no exhibe signos de dejadez o crisis, está muy limpia y sus habitantes son mucho más cívicos que en mi querida Madrid, encontrar un papel o una colilla de cigarro en el suelo es algo eventual. Pero junto a la amabilidad tenemos este hecho extraño que no pasa desapercibido en ningún momento. Por supuesto que estuve en Castro, el barrio gay donde todo empezó. Aquello es un gueto alejado del centro neurálgico de la ciudad pero inmensamente agradable. A diferencia del Chueca madrileño, en Castro se respira más militancia y menos tontería, es el hermano mayor. Encontré el sitio donde Harvey Milk vivió y trabajó, allí donde las libertades para los homosexuales se lucharon con sangre… la del mismo Milk. Otra cosa bien diferente es Los Ángeles, la pensaba plástica y se desveló como muy interesante. Es variada y te puedes encontrar una playa cuasi-hippie y más que auténtica como Venice junto a la decadente y elegante Santa Mónica. Más que recomendable es la parte alter
nativa de su Museo de Arte Moderno que resulta ser un templo al arte callejero post-Basquiat. Decepciona el paseo de las estrellas y hasta el mismo teatro Kodak que no es más que un centro comercial… pero en general se respira un aire distinto mezcla de glamour, americanismo y autenticidad que me dejó un buen sabor de boca… estando por allí algo explotó en Madrid que hizo acelerar mi corazón, pero de ello no hablaré hoy, las revoluciones hay que evaluarlas con algo de distancia y esperaré al menos una semana más.
Os quiero,
Ed.
PD: Alguien desde Brasil me lee… bienvenido.
Ha pasado más de un viernes sin Viernes y es que a veces la desidia gana al desgano y la confusión de los sentimientos es algo más que el título de una novela corta de Zweig. No obstante aquí estoy, viviendo en un tiempo lleno de bacterias feroces que burlan los antibióticos y ponen en entredicho a la sanidad alemana, claro está que los germanos “superiores” no pueden ver la viga en el ojo y tuvieron que poner la paja en el pepino español. Tiempos que han teñido de azul la geografía española en unas elecciones de castigo y marcada por el movimiento 15M del que tanto se ha hablado, se habla y se hablará. Con una Italia que se ha cansado del no-caballero Berlusconi y, a poco, le quita poder. Con la misma crisis de hace un mes y sin soluciones… sólo con ver “Inside job” nos percatamos que esto no funciona, pero seguimos atados a las agencias como Moody’s. La misma que dio una “triple A” a “Lemman and Brothers” dos días antes de quebrar diciendo con esto que la fiabilidad de los brothers era máxima. Pero esto está de moda, los grandes bancos de inversión metieron la pata hasta lo último y seguimos confiando en ellos. Si una pequeña empresa se equivoca se hunde. Las grandes no…
En fin… yo crucé el mar y mucha tierra y conocí dos ciudades cinematográficas: San Francisco y Los Ángeles. Me fui a San Francisco en un combinado de vacaciones-trabajo, por una parte asistí al congreso de la Sociedad Americana de Inmunología, mientras que por otra conocí esta ciudad que tantos llaman “la preferida”. Mi primer contacto con SF fue aéreo, desde arriba muestra su mejor cara: muchos puentes, un “skyline” impresionante y bien dibujado, áreas verdes extensas, casas cuyos tejados vaticinan un lujo a lo americano y una organización urbanística que se mueve entre New York y Chicago. Luego la “cosa” cambia “a little bit”. A pie la ciudad sigue siendo bella, cuenta con una arquitectura armoniosa y sus calles nos trae sorpresas agradables. Sin ir muy lejos, en mi primer paseo y por pura casualidad tropecé con el sitio donde nació Isadora Duncan, la misma que bailó descalza en París y fue odiada por toda la danza clásica que parió Rusia. Un par de bloques más arriba, descubrí el lugar donde los “Beats” aullaron aquellos versos que le quitaron el corsé a la poesía americana y abonaron las letras del nuevo inglés. Luego admiré la organización del SF-MOMA y gocé de un Lam que preside la sala junto a Diego Rivera y Frida Kahlo. Sin embargo, algo que nadie me dijo salta a la vista, San Francisco se quedará en mi memoria como el sitio donde más personas des equilibradas he visto. No son violentos, no son latinos, ni tampoco chinos… y están locos, muestran actitudes de demencia, hablan alto, algunos piden dinero, tienen dificultades para andar y un largo etcétera. Vamos que es imposible no verlos. Lo curioso es que la ciudad no exhibe signos de dejadez o crisis, está muy limpia y sus habitantes son mucho más cívicos que en mi querida Madrid, encontrar un papel o una colilla de cigarro en el suelo es algo eventual. Pero junto a la amabilidad tenemos este hecho extraño que no pasa desapercibido en ningún momento. Por supuesto que estuve en Castro, el barrio gay donde todo empezó. Aquello es un gueto alejado del centro neurálgico de la ciudad pero inmensamente agradable. A diferencia del Chueca madrileño, en Castro se respira más militancia y menos tontería, es el hermano mayor. Encontré el sitio donde Harvey Milk vivió y trabajó, allí donde las libertades para los homosexuales se lucharon con sangre… la del mismo Milk. Otra cosa bien diferente es Los Ángeles, la pensaba plástica y se desveló como muy interesante. Es variada y te puedes encontrar una playa cuasi-hippie y más que auténtica como Venice junto a la decadente y elegante Santa Mónica. Más que recomendable es la parte alter
Os quiero,
Ed.
PD: Alguien desde Brasil me lee… bienvenido.